La Osteoteca

El gobierno de Guerrero hizo público un proyecto de osteoteca: no bastan los anfiteatros, las gavetas, las fosas.

No caben los huesos, no cabe la carne.

Nada tiene que ver con la pandemia: no justifiquen la barbaridad.

La Real Academia puede seguir discutiendo incorporar fake news a las correctas expresiones en español. Eruditos, ahí les va una nueva. Una mexicana. Una peor.

El gobierno de Guerrero hizo público un proyecto de osteoteca. Así nombran al depósito de restos. No bastan los anfiteatros, las gavetas, las fosas. 

En la última semana de octubre –por ejemplo– fueron llevados más de 50 cuerpos de Acapulco a Chilpancingo. El traslado y la preservación de cuerpos en diferentes estados de descomposición y con distintas causas de muerte comienza a ser un problema para los peritos en todo el país.

“Estamos frente a la escena”, iba a escribir. Pero esto no es una escena.

Escena, según la RAE, es: 1.f. “Sitio o parte del teatro en que se ejecuta la obra dramática o cualquier otro espectáculo teatral”.

Corrección, ilustrados lingüistas.

Auxilio, doctos lingüistas: no sabemos ya cómo llamarle al baleado en lucha cuerpo a cuerpo con el apuñalado, el ejecutado, el disuelto en ácido, el muerto a palos, el cuasi linchado. El linchado: el hinchado.

Osteoteca. No es mal sustantivo. Sujeto. Adjetivo. Artículo. Es pregunta. Parece verbo: osteotecar. La palabra no existe. 

¿Ya qué?, si tenemos un Índice Nacional de Atrocidades. Real: está documentado en qué estado y municipio hay más maltrato, desfiguración extrema, mutilación, feminicidio agravado, terrorismo. ¿Qué más da acostumbrarnos a los congeladores gigantes?: 120 cuerpos en uno, 60 en otro. Unos sobre otros. Uno más, presupuesto 2022: no caben.

En Of the Standard of Taste, Hume describe la naturaleza de la apreciación estética: “La belleza no es una cualidad de las cosas mismas: existe sólo en la mente que las contempla”.

México: la mente que contempla esto.

Sir D. Hume, regrese del XVIII a hacer un nuevo tratado sobre nuestros ojos y oídos deformados. Explique a los grandes señores del cubículo que “normalización de la violencia” ya es un término que no alcanza. Salgan a la calle, hostia.

Tomé un taxi ayer en la noche afuera de un deportivo que se llama Casa Popular. Me encontré un trozo de periódico viejo en el fondo de la bolsa; había una publicidad oficial: “Infonavit no cobrará créditos a personas desaparecidas para que no se acumulen intereses”. Surge de las entrañas otra palabra. Detenla, Hume: no es bella.


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