Por Linda Cruz
audio-thumbnail
Audiocolumna
0:00
/798.216

El camino de María Palomar que la ha convertido en una destacada mentora vocal va más allá de la enseñanza para escarbar en un proceso más complejo y personal: el de una búsqueda profunda sobre los mecanismos del cuerpo de la mano de la expresión humana. Su enfoque se centra en la premisa de que el canto no solo constituye un fenómeno localizado en la garganta, sino que es una manifestación integral que involucra la totalidad del cuerpo. Tras años de estudio, investigación y experiencia, María ha diseñado una metodología que no es solo una clase de canto; es una reingeniería orgánica donde la biomecánica clínica y la verdad emocional convergen con la técnica vocal para devolverle al artista su instrumento más auténtico, buscando el surgimiento de un sonido que, ella misma define como “sonido 3D”.

La historia de María Palomar inicia a los 6 años en su natal Guadalajara, cuando comienza a formarse en el exigente mundo del ballet clásico al demostrar una aptitud inusual para el movimiento. Sus habilidades la llevaron en menos de un año a participar en un concurso internacional en Francia, revelándose como una figura precoz dentro del exigente universo de la danza. A partir de ahí, el ballet forma parte de su vida, siendo una de sus actividades principales, absorbiendo progresivamente su tiempo y convirtiéndose en uno de los ejes de su identidad. Durante los nueve años siguientes, se compromete con el ballet clásico y la disciplina que este exige, compitiendo continuamente en escenarios internacionales y consolidando una reputación significativa tanto en México como en el extranjero. Y, aunque María fue construyendo su vida alrededor del ballet, su personalidad se formaba paulatinamente sobre el dolor y el agotamiento.

—“Para una niña es raro vivir en un constante estrés y yo no entendí eso hasta que fui adulta. Cada año sabía que tenía otro concurso en otro país y siempre tenía que estar en forma. Era algo que podía hacer muy bien pero lo sufría mucho porque mi cuerpo no estaba contento. Es estar empujando al cuerpo a unas posiciones que, pues, no son naturales y aunque siempre puedes más, siempre hay alguien en Rusia que lo está haciendo mejor (ríe). Era una constante lucha contra un ideal que era bastante difícil de alcanzar. Siento que el ballet fue algo que mi cuerpo siempre rechazó”.

Proveniente de una familia donde convergen la sensibilidad musical de una madre pianista y la precisión técnica de un padre ingeniero electrónico, la disciplina se vive naturalmente y la música resulta una actividad habitual para ella y sus hermanos. Sin embargo, el rigor que demanda su actividad artística afecta la dosis del juego, genera exceso de estrés y una cuota importante de soledad en su infancia y adolescencia; pero nada de eso detuvo su camino en los salones con pisos de duela, paredes de espejos y barras.

Tras conseguir una beca en Mónaco a los 14 años, se vio envuelta en un demandante entrenamiento de alta exigencia física y una estricta disciplina alimentaria. Tal era su potencial y compromiso con lo que exigía el programa, que el director de una de las instituciones más prestigiosas del mundo, el Royal Ballet de Londres, le extendió una invitación para integrarse a la academia una vez cumplida la edad mínima requerida de 16 años.

Familiarizada con el método del Royal Ballet, al que estaba adscrita la academia en la que se inició en México, María regresó a su país para prepararse intensamente entrenando 5 horas al día, para eventualmente migrar a Londres y unirse a una de las compañías de mayor renombre internacional.

Pero el destino tenía otros planes: en una de las sesiones de preparación para audicionar para la academia inglesa, a los 15 años, una fuerte lesión en la rodilla la tomó por sorpresa y sus planes tuvieron que modificarse. El daño que ocasionó la luxación en su articulación no sólo comprometió su integridad física, sino que redefinió de manera radical su trayectoria. María recuerda el momento en el que cayó al piso, donde, dentro de la sorpresa y el dolor, vino también una sensación de paz y alivio.

—”Empecé a llevar a mi cuerpo a muchos extremos y creo que solito dijo: Pues tú crees que eso es lo que quieres, pero yo no, entonces aquí termina tu viaje”.

Ese “final” fue en realidad un reinicio. Unos años antes había descubierto en Lady Gaga una libertad y experimentación que el ballet no le permitió explorar. Esa curiosidad se mantuvo desde entonces, e inspirada por estas otras posibilidades performáticas, encontró que tenía una significativa habilidad para el canto; así que dadas las circunstancias del inesperado cambio de ruta, aplicó en la Universidad de Nueva York (NYU) para estudiar Teatro Musical donde obtuvo una beca completa a los 19 años. A partir del tercer año, María se cambió hacia la carrera de Dirección de Teatro buscando un balance entre lo artístico y lo intelectual. Al dejar de tener clases de canto en la universidad, comenzó a buscar respuestas por su cuenta, sintiendo que su entrenamiento vocal tradicional tenía límites que no comprendía. Fue ahí donde conoció a mentores como Matt Farnsworth (quien ha trabajado con más de un centenar de los más destacados cantantes para teatro, cine y televisión) y Nora Palka, quienes le enseñaron a buscar sonidos más reales. La dirección, por su parte, le dio el ojo clínico para analizar cómo las emociones se reflejan en el cuerpo.

“A diferencia del baile, el canto siempre me había costado más trabajo y quería entender por qué. Me sentía muy insegura. No lo podía hacer de forma libre y no entendía cómo funcionaba el instrumento… Cuando me cambié a Dirección, adquirí una habilidad de analizar cuerpos y emociones”.

Tras un paso por Los Ángeles y con la llegada de la pandemia, María regresó a Guadalajara, insatisfecha con los intentos por lograr identificarse con su propia voz. Persuadida por una amiga, comenzó a dar clases de canto poniendo en práctica sus conocimientos, su experiencia y replicando las lecciones que tomaba a distancia con sus profesores neoyorquinos. Al iniciarse en la docencia vocal, llegó una epifanía que la llenó de paz y entusiasmo al “sentirse en casa”, no sólo geográfica, sino vocacionalmente. Derivado de esto, decidió mudarse a la Ciudad de México en busca de un espacio donde pudiera desempeñarse en la formación de cantantes y ayudarlos a desarrollar su potencial.

El salto de fe en cambiar de residencia sin tener ningún contacto ni conocer a nadie resultó mejor de lo que esperaba, su agenda rápidamente se llenó de clases, combinando esta nueva etapa con sus estudios a distancia, sin embargo, sintió que su propio proceso vocal estaba estancado. Su profesora de entonces le dio un contacto que lo cambiaría todo: Christine Schneider, fundadora de ‘The Visceral Voice’:

“Ella hace que los cuerpos de los cantantes vuelvan a funcionar”, recuerda María.

Fue así como se puso en manos de Schneider, experta en biomecánica corporal, terapia laríngea y especialista en movimiento, quien es pionera en combinar la biomecánica clínica con el canto, enfocada en la rehabilitación, mantenimiento y salud vocal, impartiendo un método vanguardista que ha cambiado los paradigmas de la pedagogía tradicional al enfocarse en la optimización artística, tratando el cuerpo de los cantantes como atletas de alto rendimiento, incorporando la lógica de los procesos motores, la presión y la estabilidad como un sistema interconectado, que, debidamente coordinado a través de ejercicios de postura, terapias y masajes, facilita la regulación interna del aire para poder respirar de manera eficaz y, por consecuencia, generar sonidos de manera libre y fluida. Este innovador sistema involucra el cuerpo en su totalidad, vinculando de manera directa distintas funciones que parecerían inconexas: cómo pisamos activa el suelo pélvico; cómo mordemos afecta la tensión en la laringe; incluso cómo miramos influye en la presión interna del torso. El método no se trata de “cantar mejor” a través de la fuerza, sino de reentrenar el sistema neurológico para que todos los sistemas del cuerpo tengan un desempeño óptimo y eficaz: una organización física tan precisa que permita que la voz emerja de manera sostenible, libre y sin lucha.

“Hay una conciencia corporal… Hay una instrucción muy clara de lo que hace el abdomen, de cómo construir presión intraabdominal, y cómo tiene que comportarse la faringe durante toda la producción del sonido. Esa estabilidad de abdomen y faringe es algo que no existía antes en el entrenamiento tradicional”.

Simultáneamente, María se especializó también en la metodología de otra gran académica en la materia del canto: Mary Saunders-Barton, autora de varios libros y publicaciones, quien creó un método que toma las bases del bel canto, promoviendo el entrenamiento vocal cruzado, que mezcla técnicas distintas. Su método prioriza la relajación y el equilibrio del cuello, lengua y boca, para gestionar mejor la resonancia y la potencia sin forzar el sonido. Los maestros y fundadores del estudio neoyorkino de entrenamiento de interpretación profesional, ‘Broadway Vox’, Joel Harrell y Jared Trudeau, también imparten esta pedagogía y han sido los encargados en trabajar con María hasta la fecha, como mentores y asesores.

Y sin dejar de lado las bases de la carrera de Teatro Musical y Dirección en NYU, María Palomar entiende que la interpretación es tan importante como la técnica, por ello, se certificó en la técnica Meisner In Music, desarrollada por Jillian Page, que toma las bases del sistema de actuación creado por Sanford Meisner (reconocido actor y quien fuera uno de los maestros más influyentes del siglo XX), cuyo enfoque es conectar con el instrumento alejándose de la auto observación para actuar de manera instintiva, estar más presente y ofrecer una interpretación más espontánea, emocional y verdadera. Esto propone que el cantante deje de “pensar” el sonido y comience a habitarlo. María lo nombra como la “presencia psicofísica”, que es constituida por una triada en la que el cantante se concentra en el entorno, la música y el cuerpo como estímulos para cantar.

“En el mundo vocal, muchas veces terminas sintiendo que tú eres el problema, que tú estás roto, que tú no puedes, y no es así. Este proceso también para mí ha sido muy terapéutico como cantante porque gracias a toda esta información, me siento muy segura y cómoda con mi propia voz, cosa que en toda mi vida no había conseguido”.

Y ¿cómo se ve esta teoría cuando se aplica a una cantante de alto nivel? La respuesta la encontramos en el proceso de María Elisa Gallegos, (actriz y cantante actualmente interpretando a uno de los personajes principales en el musical Matilda), quien se puso en manos de Palomar para eliminar patrones de tensión y optimizar su voz para que sea capaz de sostenerse bajo la presión de una larga temporada teatral en México.

Palomar identificó que María Elisa estaba usando un “patrón de empuje anterior”: el esternón proyectado y la pelvis adelantada estaban comprimiendo su vía aérea, obligándola a esforzarse más de la cuenta. A lo largo de seis sesiones, el trabajo se centró en “desarmar” esa tensión, lograr una mejor administración de aire y diseñar el canto con una acústica precisa apoyada también en ejercicios vocales abordando los siguientes elementos:

• Reorganización funcional: Usando bloques de yoga y ajustes posturales, se logró que sus pulmones recuperaran espacio en la espalda media (la zona de la vértebra T8), permitiendo una respiración mucho más amplia.

• El cilindro de presión: Se alinearon los “siete diafragmas” del cuerpo para que el aire se modulara sin ese esfuerzo superficial que tanto agota en el teatro musical.

• Grounding y el sonido de domo: Trabajaron la conexión de los pies con el suelo para liberar la laringe. Aquí apareció el sonido de domo, una herramienta para abrir la vía aérea y encontrar una resonancia contenida pero potente, dándole a María Elisa la libertad de elegir cómo sonar en lugar de estar limitada por la tensión.

• Lateralización: Se trabajó en el acceso hemisférico ya que el cuerpo predominantemente se organiza más en un hemisferio que en otro, se reorganizó la caja torácica con ejercicios de lateralización para equiparar la capacidad de “entrar y salir” de cada lado del cuerpo, asegurando que la voz no se quedara atorada en un solo patrón de resonancia.

• Organización visual y presencia psicofísica: Se integró el sistema visual de María Elisa para complementar su grounding, relacionando directamente la pisada con la mirada, para que se regule la presión interna de manera eficiente a lo largo de todo el sistema. También la ciencia se unió a la presencia psicofísica, tomando un objeto para trabajar la percepción, la descripción y la sensación y así dejar de intelectualizar el sonido y conectar con el entorno.

El resultado final de estas sesiones, orientadas en uno de los temas claves del musical en el que participa María Elisa, logró una interpretación artística en presencia y control total. El canto fue algo que María Elisa dejó de ‘hacer’ para lograr ‘ser’. La manera en la que la actriz ejecuta este momento crucial en la obra, otorga la mezcla perfecta, natural y orgánica de emociones, intensidad, matices y dramatismo que demanda su personaje.

El método de MP Studio es una propuesta inédita en la oferta pedagógica de nuestro país; distinción que se ve fortalecida gracias a la estrecha colaboración con Christine Schneider, en la que Palomar ha transitado de alumna a investigadora activa, integrándose al equipo de trabajo de la plataforma internacional ‘The Visceral Voice’. Actualmente, María alterna su práctica docente en la Ciudad de México con los talleres especializados ‘3D Lab’ y ‘Stamina Lab’ en ambos países, una labor de ida y vuelta que le ha permitido reconstruir y perfeccionar sus propios cimientos pedagógicos.

María dejó de ser la bailarina que empujaba su cuerpo al límite para convertirse en la guía que enseña a otros a construir su propia “casa sonora”, un lugar donde el cuerpo y la voz finalmente hablan el mismo idioma: el de la libertad.


Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.