Por Adela Navarro Bello
Cuando más entusiasmada estaba la clase política del morenismo en México, partiendo desde Palacio Nacional, atravesando San Lázaro y llegando a las entidades federativas, aplicando su maquinaria política y su dominancia territorial para arengar a la opinión pública hacia el estado de Chihuahua, luego que el 19 de abril se revelara que un día antes en aquella entidad, habían fallecido en un accidente dos agentes de la CIA que colaboraron con la Agencia Estatal de Investigación… llegó el Rochazo.
10 días gozaron los de Morena crucificando a la gobernadora de Chihuahua, hasta el 29 de abril, cuando se reveló que en la Corte de Distrito Sur de Nueva York, había una acusación contra el gobernador de Sinaloa y nueve de sus cercanos(entre colaboradores y ex colaboradores) por, entre otros, el delito de narcotráfico. Además, a diferencia de los embates políticos y mediáticos en México contra la mandataria emanada de la oposición, autoridades de los Estados Unidos solicitaban, por la vía oficial y diplomática, la aprehensión preventiva de Rubén Rocha Moya y sus secuaces.
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