Por Adriana Sandoval 

En México hay una economía que no factura ni paga impuestos, pero sostiene todo lo demás: el cuidado. Cuidar a un niño, a un adulto mayor, a una persona enferma o con discapacidad. El INEGI estima que el trabajo doméstico y de cuidados equivaldría al 23.9% del PIB; es decir, casi una cuarta parte del país está sostenida por trabajo no remunerado. Cocinar, limpiar, acompañar, gestionar citas médicas, contener emocionalmente. Horas y horas de trabajo que no se nombran como trabajo, pero que, sin ellas, el resto del sistema simplemente colapsaría.

Durante décadas, este peso ha recaído casi exclusivamente en las mujeres. No por elección libre, sino por diseño social. En promedio, las mujeres en México dedican más del doble de tiempo que los hombres a tareas de cuidado no remunerado. Esto no es un dato menor: es una estructura que limita su participación laboral, su independencia económica y, en muchos casos, su salud física y mental.

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Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.