Por Adriana Sandoval
Existe una contradicción profunda y peligrosamente normalizada en nuestra manera de entender el futuro.
Hemos aprendido a planear el retiro con una disciplina financiera casi impecable: calculamos rendimientos, diversificamos inversiones, contratamos seguros y proyectamos cuántas décadas deberemos sostenernos sin un salario activo. En México, una persona de 40 años hoy tiene una alta probabilidad de vivir más de 20 o incluso 25 años después de jubilarse. Ese dato, por sí solo, debería redefinir nuestras prioridades.
Pero no lo hace.
SUSCRÍBETE PARA LEER LA COLUMNA COMPLETA...