Por Claudia E. de Buen Unna

Cuando una mujer recibe un reconocimiento tan excepcional como el Premio Nobel de la Paz, no lo hace sola: detrás de ella está una historia colectiva de resistencia, silencios rotos y dolorosas luchas persistentes por ser escuchadas. Por eso, que María Corina Machado entregara su medalla del Nobel a Donald Trump no fue solo un acto simbólico. Fue una declaración política —y personal— que dividió opiniones y sacudió conciencias. No se trata de un premio cualquiera, ni de un personaje cualquiera.

María Corina recibió el Nobel de la Paz en 2025 por su importante liderazgo y trabajo, por la defensa de la democracia y los Derechos Humanos en Venezuela. Su trayectoria ha sido caracterizada por años de persecución política, amenazas personales y a sus familiares, y su exclusión del sistema electoral, lo que convierte este reconocimiento en el símbolo de una resistencia profundamente nacional, además de ser un ejemplo mundial para las mujeres del profundo compromiso con sus ideales.

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Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.