Por Claudia Pérez Atamoros
Hay cosas que apestan aun antes de que alguien destape nada.
A mí me enseñaron que, cuando algo apesta, hay que buscar de dónde viene. Revisar la basura, levantar el trapo, asomarse debajo del mueble. Siempre puede haber una porquería que alguien dejó para que otro se hiciera cargo; hasta una mosca muerta puede ser indicio de algo peor.
Después descubrí que también se puede hacer carrera negando lo evidente.
—Aquí no huele a nada.
Nadie huele. Nadie percibe el hedor.