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Corina, nuestra invitada Zoé, comparte su conmovedor testimonio sobre el camino que recorrió desde que detectó una masa dura en su seno derecho hasta su diagnóstico de cáncer de mama.

Tú también puedes compartir tu historia, Zoe te escucha.

Cuéntala aquí

Soy Corina, tengo 35 años y tengo cáncer de mama.

Me di cuenta de que algo no estaba bien un domingo 3 de agosto de 2025, estaba cenando con mi mamá cuando me pasé la mano por el pecho, sentí algo duro sobre mi seno derecho y se lo mencioné a mi mamá, pero lo dejamos pasar. En ese momento lo que pensé fue en salir corriendo a ver a mi ginecóloga, por lo que a la mañana siguiente le envié un mensaje y le conté lo que me había encontrado, agendé mi cita para el viernes de esa misma semana.

Quise llegar con mi ginecóloga con la mastografía hecha porque en verdad, lo que había sentido no me gustaba nada. El miércoles de esa misma semana me hice la mastografía, y mi mamá y mi hermana me hicieron el favor de ir a recogerla al día siguiente. Pero yo ya tenía los resultados digitales y leí: BIRADS 4. Tenía una leve noción de lo que son los BIRADS y cómo se catalogan, sabía que entre más alto el número, había más probabilidades de que fuera cáncer.El viernes que llegué con mi ginecóloga y le mostré la mastografía, la colocó a la luz y lo primero que dijo fue “no me gustan estas calcificaciones, te mandaré con el oncólogo, pero primero te reviso”.

Me revisó, hizo un ultrasonido, pero su ecógrafo no alcanzaba a tomar las imágenes tan profundas, por lo que me pidió que fuera a un laboratorio específico a hacerme el ultrasonido mamario y volviera en una semana. Así lo hice.

Fue ahí donde comenzó todo este camino de idas y venidas, de un estudio tras otro y de una cita médica a otra.

En mi cita para el ultrasonido, no estaba nerviosa, pero me di cuenta de que, el radiólogo tomó la imagen de la mama izquierda sin demorarse, y al pasar a la mama derecha estuvo bastante tiempo más ahí, escuchaba los clicks que daba en el ecógrafo, y supuse que estaba midiendo esa masa dura que sentía.

Los resultados llegaron a la mañana siguiente, y ahora leí: BIRADS 4C.

Ni siquiera sabía que esta categoría tenía letras incluidas, pero supuse que eso significaba más probabilidad de malignidad. También sugería hacer una biopsa.

Teniendo estos resultados, los de la mastografía y el ultrasonido, busqué otra opinión con la ginecóloga de una amiga, quien me indicó que la siguiente semana hiciéramos la biopsia. Después de ver a esta nueva doctora, más tarde acudí de nuevo con mi ginecóloga y le mostré los resultados, en ese momento llamó al oncólogo y le pidió que me atendiera esa misma noche.En esa ocasión iban conmigo mi mamá, mi hermana y mi tía. Nos dirigimos hacia la clínica donde se encontraba el oncólogo y entramos a mi cita. Al ver a contraluz las placas de la mastografía y leer el resultado del ultrasonido, me preguntó ¿cómo no lo había sentido antes?, no tenía la respuesta a esa pregunta, cada mes me hacía autoexploración y nunca lo había sentido. De inmediato programó la biopsia para el siguiente lunes.

Llegué al consultorio el lunes después de trabajar, me acompañaban mi hermana y mi mamá. Pasamos al consultorio y me pidió pasar del otro lado para prepararme, me inyectó la anestesia, fueron cinco piquetes; luego me mostró la pistola de biopsia tru-cut y me explicó su funcionamiento.

Una vez que hizo efecto la anestesia, procedió a introducir la aguja en mi seno y a disparar, cada pequeño disparo obtenía un trozo del tumor, fueron cinco en total. Los colocó dentro de un frasco y me dijo que los enviaría a analizar a patología para obtener el resultado y saber qué era lo que tenía.

Pasaron los días y no tenía noticias, me comuniqué con su asistente y solicité que en cuanto tuvieran los resultados me los compartieran.

Pasaron dos semanas para que me diera cita y finalmente el 1 de septiembre de 2025 acudí acompañada de mi mamá para conocer el resultado final.

Llegamos y esperamos nuestro turno. Cuando entramos al consultorio, el doctor me miró y me dijo “Ya sabes lo que es, ¿no?” a lo que contesté que no. Había leído los resultados, pero no entendía nada. Entonces me dijo:

“No son buenas noticias, es un cáncer muy agresivo que se reproduce rápidamente. Es un HER2 +++, y está en etapa tres. Empezaremos con quimioterapias, pero antes necesito que te hagas un PET CT para ver que no haya metástasis”.

Solo recuerdo ver a mi mamá llorar y tomarme fuerte la mano mientras el doctor hablaba. Al escuchar que lo que tenía era cáncer, en lo único que pude pensar fue en ella, en mi mamá y en mi hermana. No quería verlas sufrir por mí, pero por una parte agradecí haber sido yo y no ellas. A la siguiente semana hice la cita para el PET CT, y fue toda una experiencia. No tenía idea de cómo era ni de qué esperar. Los resultados llegaron por la noche y afortunadamente solo estaba localizado en la mama derecha y en un ganglio axilar.

Cambié de oncólogo porque era muy difícil hacer cita con él, por recomendación de mi bróker llegué al COI y con sus médicos, aquí me explicaron que el cáncer que tenía no era una etapa tres y que no me asustara, el tratamiento que existe hoy en día en mi caso tiene muy buen pronóstico, me explicaron en qué consistía mi tratamiento y tengo citas periódicamente para revisar mi avance.

Al día de hoy ya terminé las 16 quimioterapias que me dieron y en una semana y media es mi cirugía. Afortunadamente y gracias a Dios, las quimioterapias redujeron el tamaño del tumor por lo que soy candidata a una cirugía conservadora, después seguirán sesiones de radioterapia y luego un año de Trastuzumab.

Recuerdo que, cuando me enteré de que tenía cáncer, hubo muchos pensamientos. Sí tuve miedo, pero sabía que el miedo no me iba a llevar a nada, que si quería curarme tenía que actuar. Un día colapsé y lloré muchísimo, no sabía por qué, pero creo que todo el estrés que había en mí salió de esta forma. Se los conté a mis amigas y a las mujeres que tenía cerca, con la intención de que se cuiden, que se toquen y de que si sienten algo extraño no duden en acudir con sus médicos. Todavía tengo camino por recorrer, pero confío en Dios y confío en mí y en mi cuerpo.


Zoe es un proyecto editorial de Opinión 51 que busca contar historias de pacientes de cáncer de mama, sus miedos pero también su motivación y su fuerza. Creemos que las palabras abrazan y acompañan, tu historia puede ser una fuente de esperanza para alguien más.

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Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.


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