Por Cristina Gutiérrez
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La semana pasada el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció la creación de una “Junta de Paz” para Gaza, como uno de los puntos clave de la segunda fase del Plan de Paz propuesto por el mandatario, el cual entró en vigor, al menos en teoría, el 10 de octubre del año pasado. Según un comunicado de la Casa Blanca, el Consejo o Junta de Paz abordará cuestiones como “el fortalecimiento de la capacidad de gobernanza, relaciones regionales, reconstrucción, atracción de inversiones, financiamiento a gran escala y movilización de capital” en la Franja de Gaza.

La Junta, presidida por Trump, incluye como miembros fundadores al secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, al ex primer ministro británico, Tony Blair, y a personas cercanas al presidente norteamericano tales como Jared Kushner y Steve Witkoff. Al menos 60 líderes mundiales han sido invitados a pertenecer a este organismo en el que, si bien no existe la obligación de un pago inicial para incorporarse, habría que aportar una cuota de mil millones de dólares para convertirse en miembro permanente. Como presidente autoproclamado de la Junta de Paz, Trump será el único con derecho a decidir quién puede recibir una invitación para unirse y tendrá la última palabra en las votaciones. 

 Aunque ha sido inicialmente concebida para supervisar la reconstrucción de Gaza, el estatuto de la Junta de Paz de Trump no limita su función al territorio palestino. El martes 20 de enero, el presidente de Estados Unidos afirmó que este nuevo organismo podría reemplazar a la Organización de las Naciones Unidas, ya que la junta “emprenderá un nuevo enfoque audaz para resolver conflictos globales”. 

Hasta el momento, al menos 25 países han aceptado unirse a la “junta más grande y prestigiosa jamás reunida”, tal como la describe el presidente estadounidense, dentro de los que se encuentran Argentina, Paraguay, Emiratos Árabes Unidos, Hungría, Turquía y Bielorrusia. El Primer Ministro israelí, Benjamín Netanyahu, anunció su aceptación días después de haber criticado la configuración del organismo y declarar que era “contrario a la política israelí”, debido a la inclusión de países como Turquía, Qatar y Egipto. Parece imposible no ver la ironía en el hecho de que el principal artífice de la destrucción y devastación de Gaza sea invitado a formar parte de su “Junta de Paz”.

 Por su parte, los mandatarios de Noruega y Suecia han declinado la invitación a formar parte de la Junta por considerar que el organismo “busca socavar el mandato de la ONU y el multilateralismo”. Emmanuel Macron, presidente de Francia, también ha rechazado su incorporación al considerar que la propuesta actual va más allá de Gaza y plantea cuestiones “sobre el respeto de los principios y la estructura de la ONU que no se pueden cuestionar”. En represalia, Trump ha amenazado con imponer un arancel del 200% a vinos y champagnes franceses. 

Dentro de los países que aún no han tomado la decisión sobre si aceptan o no formar parte de este organismo están España, Reino Unido, Italia y China. El presidente Vladimir Putin, a pesar de llevar más de cuatro años al frente de la invasión rusa a Ucrania, que ha causado la muerte de al menos 15,000 civiles y ha dejado más de 40,000 heridos, también recibió la invitación y está evaluando la propuesta. 

El día de ayer, jueves 22, el presidente estadounidense, acompañado de varios de los miembros fundadores, firmó públicamente en el Foro Económico Mundial de Davos, en Suiza, el documento que formaliza la creación de su Junta de Paz. Habrá que esperar para conocer la lista completa de países que formarán parte de la misma de manera oficial. Aparte de Estados Unidos, ningún miembro del Consejo de Seguridad de la ONU se ha comprometido a unirse al nuevo organismo. 

Más allá de la injusticia inherente al hecho de que Trump y sus invitados sean quienes decidan el futuro de la población de Gaza sin la inclusión de ningún representante palestino, llama la atención la gravedad de incluir a los responsables de dos de los conflictos bélicos más grandes de las últimas décadas. Una Junta o Consejo donde Netanyahu y Putin forman parte de los miembros invitados, cuando ambos cuentan con órdenes de arresto de la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra, dista mucho de ser digna de llamarse ”Junta de Paz”. Y mientras Israel siga incumpliendo los términos del alto al fuego previstos en la fase 1 del acuerdo de paz, como lo ha hecho, y no cumpla con la retirada total de sus tropas prevista en la fase 2, difícilmente se podrá implementar con eficacia la labor de la Junta que pretende crear el presidente Trump, sea cual sea el nombre que le decida poner.

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@crisgsalman

Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.


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