Por Cristina Gutiérrez

El domingo 15 de marzo, mientras el mundo miraba a Irán, un grupo de soldados israelíes mató a tiros a cuatro miembros de una familia palestina que viajaba en un vehículo en la localidad de Tammun, en el norte de Cisjordania. La familia regresaba de la ciudad de Nablus, a donde habían ido a comprar ropa para celebrar el fin del mes del Ramadán, cuando los soldados abrieron fuego contra el vehículo, matando a la madre, el padre y dos niños de cinco y seis años. Otros dos hijos de la pareja, de ocho y once años, sobrevivieron con heridas leves de metralla en la cara después de ver muertos a sus padres y hermanos.

Jaled Bani Odeh, el mayor de los niños supervivientes, explicó cómo los soldados lo sacaron del coche y lo golpearon después de que uno de ellos gritara: “Hemos matado a unos perros”. “Después de acabar con mi familia, se rieron de mí. Los soldados me sacaron a rastras, me tiraron al suelo y saltaron sobre mi espalda”, contó el niño en una entrevista en el hospital.

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