Por Cristina Gutiérrez
Hace unos días se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Venecia “Naza”, un documental sobre el asesinato sistemático de civiles palestinos a manos de las fuerzas israelíes en Gaza. La película, dirigida por los periodistas israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor y coproducida por el periódico británico The Guardian, ganó el Premio Especial del Jurado y recibió una ovación de pie de 25 minutos, la más larga en la historia del festival. Su título proviene de un acrónimo militar hebreo que se traduce como “daño colateral”.
Naza se centra en documentar el sistema de ataques masivo y de selección de objetivos basado en inteligencia artificial que el ejército israelí utilizó para bombardear la Franja de Gaza durante la ofensiva militar iniciada el 7 de octubre de 2023. El largometraje recopila las declaraciones de 24 soldados y oficiales de inteligencia israelíes, todos anónimos, quienes describen cómo el mando militar aprobaba bombardeos a sabiendas de la presencia de civiles, detallando protocolos en los que se estimaba cuántas muertes de inocentes eran "aceptables" por cada objetivo militar. En pocas palabras, lo que se describe en la película es un sistema en el que las muertes de civiles se calculaban de antemano y donde el objetivo de los ataques era la destrucción de la población civil palestina, incluidos mujeres y niños, y no solamente un daño colateral accidental de la guerra contra Hamás, como el gobierno de Netanyahu lo ha intentado vender.