Por Cristina Gutiérrez

El jueves 24 de septiembre, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, subió al estrado de la 81ª Asamblea General de las Naciones Unidas y, antes de que dijera una palabra, decenas de delegados abandonaron la sala. La mayoría de los representantes de los 193 países miembros de la ONU se pusieron de pie y salieron del recinto cuando Netanyahu subió al podio en señal de protesta, mientras que afuera miles de personas se concentraron para manifestarse contra el genocidio en Gaza y más de 100 fueron arrestadas por bloquear la vía pública. Dentro y fuera de las instalaciones de la ONU el mensaje fue el mismo, el repudio absoluto hacia el mandatario israelí. Netanyahu respondió con una actitud desafiante llamando “cobardes morales” a quienes abandonaron la sala. Lo que siguió fue una sucesión de mentiras. 

El primer ministro israelí empezó su discurso asegurando que la acusación de genocidio contra Israel es “la mayor mentira del siglo” e incluso afirmó que lo que ha hecho su gobierno en Gaza es “lo opuesto a un genocidio”, tras mencionar haber permitido la entrada de vacunas o de alimentos para la población del enclave palestino. Pese a los casi 74,000 muertos, incluyendo más de 20,000 niños, que ha dejado la ofensiva israelí en la Franja y a las múltiples operaciones de bloqueo a la entrada de ayuda humanitaria, Netanyahu se atrevió a decir que su gobierno ha tomado “innumerables medidas para proteger a la población civil” y que su ejército es “el más moral del mundo”. En 2025 una comisión independiente de la ONU concluyó que Israel ha cometido y continúa cometiendo genocidio contra la población palestina en la Franja de Gaza y a finales de 2024 la Corte Penal Internacional (CPI) emitió una orden de arresto contra Benjamín Netanyahu por crímenes de guerra y de lesa humanidad.

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