Por Cristina Gutiérrez

El día de ayer, 7 de octubre, se cumplieron tres años desde que el grupo terrorista Hamás lanzara la incursión armada más mortífera en la historia del estado de Israel y el mayor ataque contra la población judía desde el Holocausto. Alrededor de 1,200 personas fueron asesinadas dentro de distintas comunidades agrícolas israelíes (kibutz) y en el festival de música Nova, mientras que 251 fueron tomadas como rehenes y trasladadas a la Franja de Gaza. Lo que siguió fue una respuesta israelí fuera de toda proporción.

Desde el 7 de octubre de 2023, Israel ha asesinado a más de 74,000 palestinos en la Franja de Gaza, en su mayoría civiles. Según datos de UNICEF, al menos 21,638 niños han muerto, más de 44,000 han resultado heridos y alrededor de 58,000 han perdido a uno o ambos padres, convirtiendo la zona en una de las mayores concentraciones de huérfanos del mundo. Gaza ya no existe como lugar habitable; a tres años del inicio de la ofensiva militar israelí, la Franja presenta una destrucción habitacional, urbana y agrícola casi total. En las principales ciudades del enclave, 83% de las estructuras han sido dañadas, dejando a cientos de miles de personas sin hogar y obligando a la población a vivir en campamentos de refugiados; más de 1.9 millones de personas han sido desplazadas, muchas de ellas en más de una ocasión.  La población de la Franja de Gaza vive una profunda crisis humanitaria, sin acceso regular a agua potable ni electricidad. En agosto de 2025, la ONU confirmó oficialmente el estado de hambruna en Gaza, siendo  la primera vez que esta organización declara una hambruna en Medio Oriente.

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