Por Cynthia Dávalos
Este domingo 12 de abril, más de 27 millones de peruanos acudieron a las urnas en una de las elecciones más fragmentadas de su historia reciente. Treinta y cinco candidatos presidenciales, un Congreso que vuelve a tener dos cámaras, encuestas donde nadie superaba el 15 % y un hartazgo ciudadano que se respiró durante toda la jornada. Al cierre del día y más allá de los resultados queda una sensación persistente: el desencanto no se vota, se arrastra.
En medio de este ruido, sorprende cómo una novela escrita hace más de cincuenta años sigue resonando con una claridad dolorosa.
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