Por María Emilia Molina de la Puente* 

La Cámara de Diputados aprobó una reforma constitucional que parte de una sospecha tan simple como inquietante: quien tiene dos nacionalidades no puede tener una sola lealtad. Según el proyecto, quien aspire a la Presidencia de la República, a una gubernatura o a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México deberá tener únicamente la nacionalidad mexicana. Si posee otra, tendrá que renunciar a ella antes de solicitar su registro como candidata o candidato.

Todavía no es una reforma vigente. Pero el debate importa desde ahora, porque no se trata sólo de modificar requisitos de elegibilidad. Se trata de definir qué entiende el Estado mexicano por pertenencia, por soberanía y por lealtad.

Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.