Por María Emilia Molina de la Puente* 

Mañana 8 de octubre, el Tribunal de Disciplina Judicial celebrará la primera audiencia de uno de los procedimientos abiertos contra Martha Eugenia Magaña López. Martha dejó de ser jueza hace un año. Ya no tiene juzgado, no dicta suspensiones, no puede ser apartada de asuntos ni removida de un cargo que la propia reforma judicial le quitó.

Entonces la pregunta no es menor: ¿para qué seguir?

En un régimen genuinamente disciplinario, la respuesta sólo puede ser una: esclarecer una falta real cometida durante el servicio público, reparar un daño acreditado o impedir que quien incurrió en una conducta grave vuelva a ejercer una función pública. Nadie sostiene que el retiro de una persona servidora pública deba borrar una conducta de corrupción, un abuso sexual, un enriquecimiento ilícito, una venta de sentencias o un daño al erario. La separación del cargo no puede ser una patente de impunidad.

Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.