Por Erika Barrera*
La escuela debería ser ese lugar donde cada persona pueda aprender, convivir, descubrir quién es y desarrollar su máximo potencial. Sin embargo, para muchas juventudes LGBTQ+, este entorno se convierte a menudo en un espacio de miedo, exclusión y discriminación.
Los datos de la Encuesta 2024 sobre la Salud Mental de las Juventudes LGBTQ+ en México confirman que las escuelas son uno de los entornos donde las juventudes pasan más tiempo y que, además de aprender y tejer amistades, también enfrentan vivencias de discriminación.
Por ello, hablar de espacios seguros no es un asunto de buenas intenciones, sino de responsabilidad.
Quizás un buen comienzo es entender: ¿qué es un espacio seguro? Entendemos este como un lugar en donde una persona puede ser quien es, sentirse escuchada y valorada, sin temor a juicios, violencia o invalidación. Un elemento clave es que un espacio seguro no se decreta, se construye y se sostiene todos los días a través de acciones concretas.
Aquí radica una diferencia indispensable: aceptar no es suficiente. Aceptar puede significar simplemente tolerar que alguien sea diferente; validar, en cambio, implica reconocer que su identidad, sus experiencias y la manera en que nombra quién es merecen absoluto respeto. Significa llamar a una persona por el nombre que ha elegido, utilizar sus pronombres, escuchar sin juzgar y permitir que sea ella quien decida cómo, cuándo y con quién compartir su identidad, sabiendo, como enfatiza la guía, que el respeto al nombre y los pronombres jamás debe estar condicionado a documentos oficiales.
La escuela tiene una responsabilidad que trasciende los salones de clases porque los docentes, compañerxs, personal administrativo y familias forman una red capaz de transformar una escuela en un espacio afirmativo.
No necesitamos saberlo todo ni tener siempre la respuesta perfecta; escuchar generosamente, respetar y mantener la voluntad de aprender también son formas de acompañar. Pero sí exige actuar firmemente ante cualquier agresión, como una broma LGBTQfóbica, los apodos no deseados, los rumores, la exclusión y los comentarios disfrazados de chiste.
Y en este último punto me permito ser clara: necesitamos tolerancia cero frente a bromas, insultos y conductas LGBTQfóbicas porque la falta de acción también es complicidad.
Ser una persona adulta responsable del cuidado o acompañamiento de una juventud implica mucho más que decir “en mi casa puedes ser quien quieras”; implica preguntar, escuchar, validar y defender. Implica conocer sus amistades, interesarse por cómo vive la escuela, acudir cuando algo no anda bien y hablar de diversidad con respeto.
Estas acciones corresponden tanto al personal escolar como a xadres, familiares y personas cuidadoras.
Para las juventudes LGBTQ+, la seguridad no debería depender de la suerte de cruzarse con alguien que las respete. Es nuestra responsabilidad como personas adultas construir comunidades donde el respeto, la validación y la defensa de sus derechos no sean la excepción, sino la regla de la vida cotidiana.
Por fortuna, ahora contamos con diversas herramientas para entender cómo asumir esta responsabilidad. Una de ellas es la “Escuela para todxs: guía para crear espacios escolares seguros para juventudes LGBTQ+”, que puedes consultar de forma gratuita en nuestro portal.
Acerca de The Trevor Project
The Trevor Project es la organización líder en intervención en crisis y prevención del suicidio para las juventudes LGBTQ+ (lesbianas, gays, bisexuales, trans, queer y más). Cuenta con personal capacitado que atiende a las juventudes cuando se enfrentan a temas como salir del clóset, identidad de género, depresión e ideación suicida.
En 2024 publicó la Encuesta sobre Salud Mental de las Juventudes LGBTQ+ en México, la primera en su tipo en América Latina, que se puede consultar en el portal de The Trevor Project México.
*Erika Barrera es Directora de Servicios Digitales de Atención de Crisis en The Trevor Project México, con 11 años de experiencia profesional en proyectos para mejorar las condiciones de vida de poblaciones vulnerables.
Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.

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