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El testimonio de Esperanza revela un camino marcado por el diagnóstico de cáncer en múltiples ocasiones, pero también por una inquebrantable fortaleza personal y fe. 

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Cuando me dijeron cáncer, me fui luego luego con el cáncer de mi madre, que se lo detectaron y al año siguiente falleció. Dije: "me queda un año". Pero cuando el oncólogo me recibió, me dijo: "yo les doy tratamiento un año y las mando a su casa". Dije: "hay una esperanza" y entonces me aferré.

Yo he tenido mucho apoyo de las personas con las que acudo, hago grupo. Ahí me han apoyado mucho, me dan fortaleza. Hablaba todos los días con ellos y lloraba allá, en mi casa nunca. Solo cuando estaba sola. De mi esposo no me abracé nunca; solamente le dije: "salí mal, salí mal". Eso fue todo.

En el 2006, antes de operarme, me dieron cuatro sesiones de quimioterapia porque mis ganglios estaban muy grandes y, en el quinto mes, me operaron. No estaba mi esposo mucho junto a mí; yo acudía sola a las quimioterapias y, después de la cirugía, acudía sola a las radioterapias. Mis 25 radioterapias yo acudí sola. Alguna vez, en una quimioterapia antes de la cirugía, me dijeron en el hospital: "háblele a su acompañante porque ustedes deben de venir con alguien". Salía sabiendo que no iba con nadie y regresaba diciendo que seguro habían salido a comer algo. Yo me levantaba de la quimioterapia feliz, con fuerza; iba al baño, me subía al transporte e iba a mi casa, esperando a que en algún momento me diera el malestar, pero nunca llegaba. Hasta el tercer mes de quimioterapia se me cayó el pelo. Mi seno me lo quitaron el 21 de diciembre de 2006 y el 24 de diciembre yo andaba con todos arrullando al niño a las 12 de la noche.

En el transcurso de mi primera cirugía, mi recuperación sin pelo, estuve al lado de mi hermana que falleció de cáncer de mama; muchos días junto a ella, abrazada. Y cuando ella se fue, yo todavía no tenía mi pelo restablecido. Era menor siete años, se fue a los 41.

En el 2015 me checan, tengo sospecha y el diagnóstico salió positivo otra vez. Entonces, nada más me quitaron el seno; me dijo el médico que, para lo que yo tenía, me podía quitar un pedazo chiquito, pero por mis antecedentes me sugería que me quitara todo. Le dije: "adelante, quíteme lo que me tenga que quitar". Yo acudí sola a todo eso. Me dijo: "¿con quién vienes? porque te voy a decir todo". "Vengo sola, dígame lo que me va a hacer a mí, yo lo escucho". He enfrentado todas las noticias sola, todas las situaciones así.

En el 2021 me aparece un cáncer de piel en el pie izquierdo; me hacen la biopsia y me confirman que es cáncer. Me hacen la cirugía dos meses después y me dijo el oncólogo que había un riesgo: contagiarme de COVID. Le dije: "adelante, yo me tengo que operar, no me puedo esperar, no sé cuándo termine la pandemia". Entré a la cirugía, me pusieron injerto de mi ingle y le pedí al doctor que me dejara salir en cuanto terminara la cirugía.

Algunas quimioterapias me hacían sentir un dolor desde el pecho hasta la espalda, incluso las sigo sintiendo; me recuesto y veo si sube o no el dolor para ir al hospital, pero afortunadamente nunca he tenido que hacerlo.

Se dice fácil, pero el camino es doloroso; sin embargo yo crecí como persona. Ahora soy más segura y, sobre todo, mi fe en Dios, que me agarraba de Él. Como lo dije: nunca lloré con mi esposo ni con mis hijos, pero cuando yo estaba sola hablaba con Dios y le decía: "no puedo con esto, te lo entrego", y lloraba. Esto es un poco de lo que he vivido; ha sido fuerte, sigue siendo fuerte, pero aquí estoy.


Zoe es un proyecto editorial de Opinión 51 que busca contar historias de pacientes de cáncer de mama, sus miedos pero también su motivación y su fuerza. Creemos que las palabras abrazan y acompañan, tu historia puede ser una fuente de esperanza para alguien más.

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Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.


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