Por Farah Ayanegui*
“Hay pérdidas que nadie reconoce como duelo porque nadie murió”.
No hay funeral, no hay flores, no hay mensajes de pésame. Pero algo dentro de ti sabe que una etapa terminó.
A mí me pasó hace poco. A pesar de seguir en la empresa donde trabajo, la incertidumbre constante me hizo sentir a la deriva, como si el piso que conocía ya no fuera tan firme como pensaba. Al mismo tiempo, mis hijos cada vez más rápido dejan de ser niños: ahora son adolescentes que hablan de qué estudiar en la universidad. Y mientras intento acomodar trámites y números para comprar una casa, aparece otra pregunta incómoda: ¿tendré realmente la solvencia para hacerlo?
SUSCRÍBETE PARA LEER LA COLUMNA COMPLETA...