Por Fátima Masse
En cualquier empleo, sin importar el sector o el nivel de responsabilidad, la brújula ética es indispensable. Esa colección de principios y valores que nos permite anticipar las consecuencias de nuestros actos y, sobre todo, poner en el centro la dignidad de otras personas. No es una cuestión moralista, sino un filtro cotidiano para decidir hasta dónde sí y hasta dónde no.
Hace unos días escuché un par de episodios del podcast Chisme Corporativo, dedicados a analizar los escándalos más controvertidos en los que ha participado McKinsey & Company como firma asesora. Dos de estos casos llamaron mi atención por la gravedad de las consecuencias.
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