Por Fredel Romano
La frustración no suele llegar anunciándose. Aparece cuando algo no sucede como esperábamos, cuando una intención se interrumpe, cuando la realidad no coopera con la imagen que habíamos construido en nuestra mente. Y aunque es una emoción cotidiana, pocas veces nos detenemos a preguntarnos qué es realmente lo que estamos sintiendo.
Muchas personas dicen estar frustradas cuando en realidad están cansadas, impacientes, intolerantes o profundamente tristes. No porque mientan, sino porque no siempre tenemos las palabras correctas para nombrar lo que ocurre dentro de nosotros. Y cuando no sabemos nombrarlo, tampoco sabemos qué hacer con ello. La emoción queda suspendida, flotando, acumulándose.
SUSCRÍBETE PARA LEER LA COLUMNA COMPLETA...