Por Frida Mendoza
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Si me matan
Cuando me encuentren
Que digan siempre, que digan siempre
Que fui cantora
Viviendo sueños que como todas, crecí con miedo
Y aún así
Salí solita
A ver estrellas
A amar la vida
Si me matan
Si es que me encuentran
Llénenme de flores, cúbranme de tierra
Que yo seré semilla para las que vienen
Que ya nadie nos calla
Ya nada nos contiene
Nos han quitado tanto
Nos quitaron el miedo
Que quede la esperanza
Y el azul del cielo
Mirarnos a la cara
Hermana, yo te quiero

-Silvana Estrada

Ana Febe Rojas Vega es mucho más que una víctima de feminicidio.  

Axa es su hermana y en la última semana se ha dedicado a hacer difusión en redes sociales para exigir justicia. Me explica que no se le ocurre qué decir sobre sí misma porque perdió las ganas de todo, es el momento más difícil de su vida. Lo que no es complejo para ella es hablar de Febe, su hermanita.

Febe era la menor, la pirinola y "sombrita" de Axa porque siempre la seguía e imitaba. Como buenas hermanas jugaron a cualquier cosa juntas, crecieron y bailaron… Febe en especial amaba bailar. Le gustaba el ballet pero también aprendió otros tipos de danza como la hawaiana. 

Ella era un montonal de cosas, me dice en entrevista para Opinión 51, siempre a la búsqueda de un nuevo hobbie. Una hada artesana, diríamos en estos tiempos de memes de Instagram.

Es difícil no sonreír cuando te describen con tanto amor y cariño a alguien así que he de admitir que no paré de sonreír en esta entrevista. A través de los ojos de su hermana supe que Febe disfrutaba el arte, se le daba; de pronto llegaba con lienzos de acuarela o esculturas de los talleres que tomaba. Desde niña amaba leer, hacía retos incluso de aplicaciones para rebasar su meta de lectura llegando en los últimos años a más de 80 libros leídos al año. Su primera carrera fue arquitectura y la segunda fue pedagogía, en la que más se involucró profesionalmente.

La carrera de Pedagogía la estudió en la FES Acatlán con la intención de involucrarse y ayudar a la gente, siempre con una perspectiva de género muy marcada. Axa recuerda que fue su hermanita la primera mujer en su vida que le abrió los ojos al feminismo y a esa lucha “que tenemos que hacer por nosotras y entre nosotras, no en contra de nosotras”, afirma con convicción y al mismo tiempo eso, es algo que precisamente le duele a la fecha porque como dice, a pesar de su deconstrucción y constante lucha por cuidar, manifestarse y pedir justicia por otras personas, Febe no pudo librarse de esta terrible situación en la que fue aislada, manipulada y asesinada. Pero no le cabe duda a Axa: Febe no tuvo la culpa de lo que le pasó.

Cubrir la violencia feminicida en este país significa también cubrir la revictimización constante que hay en estos casos. De Valeria, Fátima y otras víctimas de feminicidio infantil recuerdo la revictimización a sus familias; de Lesvy, Ingrid e Yrma recuerdo la revictimización a ellas por su elección de pareja; de Debanhi, Ana Karen y Mara su revictimización por salir de fiesta y regresar solas. En el caso de Febe, me cuenta su hermana que la revictimización ha sido institucional y en redes sociales con los típicos "por qué no hicieron nada", "por qué no la alejaron de ese hombre", "era su responsabilidad".

¿Y a los feminicidas? ¿Quién los cuestiona por decidir matar a alguien que salió de fiesta, que regresaba de la escuela, que fue a buscar trabajo, que decidió amar?

Porque sí, en medio de todo también está el amor. Febe creía en el amor. Axa creyó en el amor gracias a su hermana y me dice, a pesar de perder la ilusión por tantas cosas, aún cree que es posible creer en que existan buenos amores. La culpa, recalca, está en su exesposo, nunca en Febe por haber creído en el amor.

“Como dijo Gisèle Pelicot, la vergüenza debe cambiar de bando”, recuerda, a la vez para responder a todas las personas que les lleguen a hacer el comentario en redes sociales.

Ana Febe Rojas fue asesinada, denuncia su hermana, el 24 de marzo. Su cuerpo fue hallado en su hogar ubicado en la alcaldía Cuajimalpa, en la Ciudad de México. Pocos días atrás, había alertado a su familia que su esposo, Christian Felipe "N", la violentaba.

El caso fue clasificado como homicidio culposo, es decir, como un accidente a causa de que Christian llegó voluntariamente al Ministerio Público de Cuajimalpa a declarar su versión, una que señalaba que Febe se había accidentado en el baño sin que él pudiera reanimarla. Sin embargo, la familia denuncia a partir de los comentarios previos de la joven de 28 años, la forma en que les notificaron y las lesiones que tenía cuando Axa entró a reconocer su cuerpo no puede tratarse de un accidente y sí de un feminicidio en el que hay una gran cantidad de irregularidades como la falta de cuidado en la cadena de custodia.

Sin embargo, no fue hasta que Axa y amistades de Febe iniciaron en redes sociales una serie de publicaciones pidiendo #JusticiaParaFebe -denunciando las omisiones de la Fiscalía, que el caso permanecía estancado en el Ministerio Público de la Fiscalía en Cuajimalpa, su desconfianza hacia los servidores públicos y la necesidad de que el caso se traslade a la Fiscalía de Feminicidios- que finalmente hubo un avance. 

"Sí, claro que funcionaron las redes sociales. Ya estamos revisando cuáles son los pasos siguientes para que el caso sea atendido. Ahí vamos y quisiéramos avanzar más rápido porque además el tiempo es importante para hacer otro peritaje y necropsia. La viralización nos ha ayudado", me explica.

Seguir casos de feminicidio es duro, pero más duro es lo que viven las familias y Axa me hizo reafirmar, una vez más, la importancia de la comunidad: "cuando me siento triste siento que son pasos pequeños y me desespero, pienso que en realidad todo esto no se habría logrado sin la difusión que todos amigos, amigas, familiares y los medios nos están apoyado a hacer".

Y eso es conmovedor, porque al tiempo que la familia Rojas Vega pasó de cinco miembros a cuatro y que su papá cayó en cuenta de la pérdida tangible, Axa me dijo que con el pasar de los días, cambió de parecer y vio cómo se han sumado más personas a la causa: "Sí, no va a haber nadie nunca que reemplace a mi hermanita y sí, ya no somos cinco, ni cuatro. Ahora somos miles. Nuestra pérdida nos trajo una familia enorme, de los lugares más recónditos para abrazarnos y apoyarnos".

El conteo aparentemente es inagotable. A pesar de que la tendencia de feminicidios pareciera que va a la baja, los números no dejan de crecer: según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en enero y febrero 2026 suman 94 feminicidios, 225 homicidios dolosos de mujeres y 437 homicidios culposos de mujeres… Febe aún no entra en ninguna de estas cifras pues le arrebataron la vida en el mes de marzo, pero si tenemos en cuenta su caso para reflexionar -o dudar-: ¿cuántos de esos homicidios culposos de mujeres fueron realmente incidentales, accidentes?

Todos esos números representan víctimas, representan familias que perdieron a alguien amada, que truncaron planes, como en el caso de Axa y Febe que planeaban para este 2026 su primer viaje internacional juntas.

Pienso en cuántas veces al hacer periodismo nos auto-arrebatamos la indignación y relatamos historias, una tras otra normalizando el dolor. Que nunca nos sea indiferente, por favor. 

Ana Febe Rojas Vega es mucho más que una víctima de feminicidio. Y como todas y cada una de las víctimas, merece justicia.

✍🏻
@FridaMendoza_

Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.


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