Por Gabriela Sotomayor
México ocupa el lugar 147 según el índice 2025/2026 del Women, Peace and Security (WPS), que analiza la situación de seguridad de las mujeres en 181 países.
El país está precedido por Honduras y después está Colombia, en donde, según la clasificación, no hay conflictos armados. Bueno, es un decir, pero a pesar de ello, la multinombrada “guerra contra el narco” ya fue definida por el Comité Internacional de la Cruz Roja (ICRC, por sus siglas en inglés) como un “conflicto armado interno no internacional”, de acuerdo con las Convenciones de Ginebra. Suiza, para mi sorpresa, ocupa el lugar 19.
Según el índice, los cinco países del mundo en los que las mujeres se sienten más seguras son: Dinamarca, Islandia, Noruega, Suecia y Finlandia. Países muy desarrollados, especialmente en lo que se refiere a la paz social, la educación gratuita y la protección de los derechos humanos.
Ahora bien, los criterios para catalogar un conflicto armado interno son muy claros, pero ¿por qué el Estado no reconoce que existe dicho conflicto? La respuesta es fácil.
Según los Convenios, en el momento en que un país y la comunidad internacional lo reconocen así, entonces aplica el Derecho Internacional Humanitario (DIH) y eso conlleva garantizar el bienestar de los desplazados internos por dicho conflicto. Asimismo, se prende la alarma de la ONU y los organismos humanitarios buscan llevar cierto alivio a los miles de afectados que se han visto forzados a dejar sus hogares por la violencia.
Es por lo que el expresidente Andrés Manuel López Obrador y la actual presidenta Claudia Sheinbaum le huyen al tema.
Difícil imaginarse el reto que sería para el gobierno de México garantizar el bienestar y el acceso a todos sus derechos y servicios a un número incalculable de desplazados internos por la violencia en el país provocada por la lucha del ejército contra los narcos.
Además, según dichas Convenciones, al momento de catalogar así a un conflicto interno, da luz verde a los organismos humanitarios de la ONU para ir al rescate, llevar víveres, cobijo y acceso a la salud, principalmente. Por eso también el gobierno se abstiene de catalogarlo así porque no quiere ojos extraños de la ONU en los asuntos internos del país.
Lo que me resulta incomprensible es ¿por qué Sheinbaum, siendo mujer, no tiene más empatía por los miles de mujeres que se encuentran en una situación de enorme vulnerabilidad, como las desplazadas internas o las madres de los desaparecidos, por poner unos ejemplos?
Difícil de creer, ¿no?
La presidenta de México demuestra con este tipo de acciones un profundo desprecio por las mujeres. Especialmente por las que votaron por ella.
Esto es inaceptable, incomprensible y, sobre todo, vergonzoso.
¡Nada qué celebrar!
Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.

Comments ()