Por Heredera Romanov
En el Reino del Ocaso, donde las leyes nacen como promesas y envejecen como excusas, la heredera anunció con entusiasmo una nueva hazaña democrática:
—¡El pueblo decidirá si sigo gobernando!
Los aplausos en el salón del trono sonaron como lluvia en techo de hojalata: ruidosos, pero huecos.
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