Por Heredera Romanov
En el Reino del Ocaso, donde las despedidas son apenas mudanzas de escritorio, se desató un temblor que no vino de la tierra, sino del corazón mismo de la corte.
La Gran Administradora del Movimiento —guardiana de los sellos, repartidora de favores y arquitecta del entusiasmo oficial— anunció, o dejó entrever, o permitió que se filtrara —porque en palacio nada ocurre sin una coreografía previa— su inminente salida del cargo.
—Se va —susurraron algunos.
—Se transforma —corrigieron otros.
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