Por Julieta del Río*
La discusión sobre el llamado “Plan B” dejó más que un simple resultado legislativo: dejó sensaciones, lecturas políticas y, sobre todo, suspicacias que vale la pena analizar con detenimiento. Más aún, dejó al descubierto tensiones internas que ya no pueden ocultarse detrás de la disciplina partidista.
Empecemos por el principio. La iniciativa original fue rechazada en su totalidad. La suma de aliados y oposición simplemente no dio para que avanzara. Sin embargo, lo que más llamó la atención no fue el resultado en sí, sino la reacción (o mejor dicho, la falta de reacción) de quienes integran el partido que hoy encabeza la Presidenta Claudia Sheinbaum. No vimos indignación, tampoco tristeza ni señales claras de inconformidad. Un silencio que dice mucho. Y en política, el silencio rara vez es neutral: suele ser cálculo o fractura.
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