Por Laura Carrera
Hay algo que me sigue llamando la atención cada vez que lo digo en una conferencia, en un taller o incluso en una conversación casual. Cuando afirmo que las emociones son las que nos mueven todo el día, desde que abrimos los ojos hasta que los cerramos, muchas personas se quedan con una mirada como suspendida, lejana. Otras asienten, pero rápidamente lo llevan a otro lugar: dicen, “sí claro, eso tiene que ver con los traumas de la infancia”. Otras personas se sorprenden: ¿de verdad? Y hay quienes simplemente evaden el tema, como si no quisieran entrar ahí.
Y lo entiendo porque mucho tiempo hemos aprendido a pensar que el mundo emocional pertenece al terreno de la psicología y, más específicamente, al terreno del dolor: del trauma, del conflicto, de lo que “no está bien”. Como si hablar de emociones fuera sinónimo de hablar de problemas. Pero no. El mundo emocional no es un tema de terapia. Es un tema de vida cotidiana. No necesitas tener un trauma para estar dirigido por tus emociones. Solo necesitas estar vivo, viva.
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