Por Leticia Robles de la Rosa
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Molestos por lo que llamaron “los excesos de la prensa”, 24, 25 y 27 de noviembre de 1882*, los senadores porfiristas defendieron en un debate del pleno su propuesta para que los periodistas de entonces fueran juzgados en tribunales federales y no en tribunales .

Darío Balandrano, conocido porfirista y uno de los 16 senadores que presentaron la iniciativa, a petición del entonces presidente de la República, Manuel González, leal a Porfirio Díaz, que fue su predecesor y su sucesor.

Los hombres del gobierno, argumentó Balandro, “tienen el derecho de que la prensa, al examinar sus actos, no descienda a la difamación y a la calumnia. Enhorabuena que la prensa se ocupe de examinar los actos de los funcionarios que infringen la ley, está en su derecho; pero no les asiste para injuriarlos hasta llamarlos ladrones y asesinos y todo lo que es costumbre, bajo el nombre de energía e idependencia”.

Contestaba así a uno de los discursos del senador Ignacio Romero Vargas, quien había advertido que “… si son tan susceptibles como pudibundas doncellas o viejas irasibles no deben ser funcionarios públicos. Ridículo sería un cuadro de administración pública en las manos de un coro de vírgenes nerviosas o un coro de ancianas histéricas. Los que sean de este temple, los que no soporten la discusión pública, lo que quieran estar en Palacio como en su hogar, que se separen de Palacio y se vuelvan a su hogar”.

Este debate de hace 144 años, entre los porfiristas puros y los ya porfiristas inconformarse con los excesos del gobierno, me viene a la mente desde que leí la iniciativa presidencial para reformar la Ley Federal de Derecho de Autor para sancionar hasta con 4.6 millones de pesos a las plataformas digitales y proveedores de internet que no retiren de inmediato imágenes, voces, escritos, películas, que sean utilizados sin el consentimiento de los propietarios de los derechos, lo que implica un golpe directo a lo que conocemos ahora como memes y sátira política digital.

“Esta regulación responde a la necesidad de cerrar espacios de impunidad en el entorno digital, fomentando la participación de los intermediarios en la adopción de las medidas de ‘puerto seguro’, lo que contribuye a garantizar una protección más efectiva de los derechos de autor y derechos conexos”, dice la Presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, en la exposición de motivos de su iniciativa.

La reforma está en la Cámara de Diputados y se iba a aprobar el 22 de septiembre en comisiones, pero de última hora se frenó, con la idea de que se le harán cambios.

Mientras eso sucede en Diputados, en el Senado se procesa una modificación la propiedad industrial y al Código Penal Federal para castigar hasta con cinco años de cárcel a quien use distintivos y páginas web de todas las instancias de gobierno, con el fin de engañar a las personas, lo que ha provocado que la oposición alerte sobre riesgo de censura, nuevamente, dirigida a memes y parodia política.

A ello se suma la intención de crear una comisión especial del Poder Legislativo para detectar financiamiento extranjero en bots y “campañas coordinadas en redes sociales” que tienen dos diputados federales de Morena, Sergio Gutiérrez y Arturo Ávila, más conocidos por sus excesos y escándalos que por su trabajo legislativo.

No puedo olvidar, por supuesto, la lista de la aún Consejera Jurídica de Presidencia, Luisa María Alcalde, que incluyó a periodistas, activistas y decenas de usuarios en redes sociales en un supuesto “ecosistema digital de amplificación de información”, cuyo sustento documental no existe, según informó Aristegui Noticias.

Ah, el poder, siempre tan igual a sí mismo, sin importar el tiempo y la filia.

Jamás imaginé que Morena actuara igual que los porfiristas de hace 144 años.

Hoy, prefiero que sea el antiguo senador Ignacio Romero Vargas quien exprese mi pensamiento sobre los porfiristas del bienestar:

“Y no evitareis los libelos. Estos continuarán en imprentas clandestinas, más virulentos, más procaces y no os escapareis de ellos; los encontrareis en las esquinas, en las puertas de vuestras casa, sobre la carpeta de vuestra mesa, debajo de vuestra almohada de descanso, os llegarán en la estafeta pública, los vereis en las columnas todas de este Palacio, en las puertas de todas las oficinas.

“Los veremos todos, aunque no sea más que por curiosidad y cada uno por saber si le ha llegado su turno. Los verá el Presidente, aunque no quiera, porque se los llevará prendidos en el faldón de su casaca, su mismo ministro o su secretario particular, o los encontrará entre sus expedientes”.

La historia es cíclica, sin duda alguna… los efectos también.

*Diario de los Debates del Senado de la República, ediciones de los días 24, 25 y 27 de noviembre de 1882


Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.


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