Por María Alatriste

Vivir en el mundo de hoy es complejo. Persiste una ansiedad extendida, un apuro constante. En ese estado, una secta (o una organización con lógicas coercitivas) no se presenta como cárcel: se presenta como templo de paz.

Nos enseñaron a desconfiar de los sistemas y, al mismo tiempo, nos quedamos solos. Luego nos soltaron al vacío con el discurso de “tú puedes”, “tú resuelves”, “si no lo logras es porque no lo deseas lo suficiente”. ¿Qué hace la mente humana cuando la vida se vuelve un tablero imposible? Busca una explicación que calme y una estructura que le dé sentido. Busca una tribu, aunque cueste caro.

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Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.