Por María Alatriste
Cada época fabrica a las figuras ejemplares que en sus tiempos no se pudieron domesticar. A Sor Juana le tocó una versión virreinal del mandato: en apariencia fue obediente, recatada, silenciosa, útil para el orden. A muchas mujeres de hoy nos toca otra versión, más moderna en apariencia, pero igual de vigilante. A Sor Juana le tocó el guion del silencio; a muchas mujeres hoy, el de la perfección.
Por eso Sor Juana sigue viva. No solo por la reverencia académica y social que inspira, sino porque encarna lo que incomoda: la mujer que parecía estar bajo control, pero realmente incendió su época. No quiso ser esposa en el sentido esperado, ni madre como destino obligatorio para tranquilizar al mundo. Quiso pensar, aprender y escribir, ganando una vida interior e intelectual que, para una mujer de su tiempo, ya era casi una insolencia.
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