Por María Alatriste
Bitácora de una conversación con una inteligencia artificial
Todo empezó casi como una broma. Le pregunté a una inteligencia artificial si, en ese futuro donde las máquinas sean mucho más inteligentes y autónomas que nosotros, podría considerar no acabar con el mundo.
Mi argumento tampoco era muy sofisticado: quizá muchos humanos ya no sirvamos de mucho como seres supremos inteligentes, le dije, pero somos creativos y tenemos mucho corazón.
La IA respondió que no podía hacer pactos sobre un futuro que no existe. Pero añadió una idea que se me quedó dando vueltas: quizá la contradicción sea también una forma de inteligencia.
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