Por Mariana Conde*
La frase “La realidad supera la ficción” suena a cliché. Y sí, es una observación trillada, pero una y otra vez demuestra ser válida. A veces, en especial tratándose de los clásicos —no por nada se ganan ese estatus— casi creo que podemos usar la literatura como una bola de cristal.
Y es que algunos libros parecen oráculos, pero nada tiene que ver en ello la clarividencia. El “truco” de sus autores es en realidad un profundo entendimiento e intuición sobre el ser humano, una aguda observación del mundo que los rodea. Plantean escenarios que llevan al límite las posibilidades terrenas y que, si bien en su momento parecieron descabelladas fantasías, el tiempo los ha demostrado plausibles.
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