Por Marilú Acosta

Teníamos todo para ser Venezuela y no lo fuimos; otro país que se nos va, aunque Dinamarca realmente ni se acercó. La mesa estaba puesta: los momios de Polymarket, el temblor, un viernes de enero, un NOTAM (Notices to Air Missions), el narcoestado, el vecino incómodo y nada. No nos sentamos a comer, unos dirán que por la soberanía mexicana, otros que por la soberanía a la mexicana. Analicemos las luces y las sombras, las coincidencias y las diferencias de este arranque del año.

Entendamos la función de Polymarket que como su nombre lo indica, es un mercado, no una casa de apuestas. Funciona como las peleas de gallos en las que un intermediario (Polymarket) cruza las apuestas entre particulares. Mientras que en Las Vegas, los particulares apuestan contra “la casa”, es decir, contra los casinos. Cuando en Polymarket aparece una apuesta, lo único que significa es que un particular (quien sea) puso dinero, esperando que alguien más le tome la apuesta. No existe ningún tipo de análisis estadístico, geopolítico, económico, ni premonitorio que sostenga ninguna apuesta en Polymarket, en teoría.

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