Por Marilú Acosta
¿Qué se defiende, cuando se habla del Derecho Internacional? Todo empieza con una de las campañas de crowdfunding más exitosas (y corruptas) de la historia. En 1517, concluir la Basílica de San Pedro necesitaba toneladas de dinero, entonces el papa León X monetiza industrialmente la narrativa del purgatorio, donde pasan años, como hospital espiritual de sanación sin anestesia, ni analgésicos (tipo el sistema de salud mexicano). Después construye el camino de la esperanza: sí se puede llegar al cielo. Finalmente empaqueta la solución: indulgencias. Los boletos VIP servían para irse al cielo sin pasar por el purgatorio (indulgencias plenarias). Los egresos prematuros del purgatorio te hacían llegar quasi inmediatamente al cielo (indulgencias parciales).
Este crowdfunding no le cae en gracia a Martín Lutero, quien postea el 31 de octubre de 1517 un escrito -de su puño y letra- con 95 argumentos en contra, clavándolo en la puerta de la Iglesia del Castillo de Wittenberg. La tecnología hizo viral su texto: se tradujo del latín al alemán, llegó a la imprenta de Gutenberg y en semanas, circulaba por toda Alemania. Tres ideas fundamentales desdibujaban el poder del Vaticano. (1) Sola Fide (solo fe): la salvación es por creer, no por comprar. (2) Sola Scriptura (solo Escritura): la única autoridad es la Biblia, no el papa. (3) Sacerdocio Universal: tienes línea directa con Dios, no necesitas intermediario (sacerdote). Esto fascina a los príncipes alemanes: dejan de pagar impuestos a Roma, y se quedan con las tierras y riquezas de la Iglesia. Así nace el protestantismo.
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