Por Mónica Hernández
No es extraño que muchas ideas que creíamos verdaderas se desgajen, como capas de cebolla, y nos muestren una nueva realidad. En los últimos tiempos vamos conociendo a mujeres cuyos nombres fueron borrados de las listas oficiales, pero sus legados se han ido abriendo camino para que las conozcamos a ellas y a sus obras. Muchas fueron protagonistas y no han logrado llegar hasta nosotros ni como pie de página. Pero parece cuestión de tiempo.
Hoy traigo a dos villanas que pudieran resultar heroínas no solo de sus propias vidas, sino de las leyendas sobre ellas. Mileva Marić no fue una bruja celosa por el éxito y la guapura de Albert Einstein, sino una mujer que planteó y resolvió (sin calculadora ni computadora) la mayor parte de los problemas de física y matemáticas relacionados con los átomos, las moléculas y los “cuantos” que se estudiaban en aquella época. Muchos la llaman la madre de la teoría de la relatividad. Su nombre nunca apareció y tampoco fue reconocida ni premiada. Pasó a la historia como una histérica que celaba a Albert y que fue castigada con un par de cuernos de parte de su marido, quien la abandonó y se olvidó de ella y de sus hijos. Eso sí, en el acuerdo de divorcio quedó establecido que, si Albert ganaba el Premio Nobel (que lo ganó), el dinero del premio sería para ella, cosa que Einstein cumplió. Luego censuró la correspondencia entre ellos, desaparecieron los trabajos conjuntos y el genio no volvió a producir ni ganar ningún otro premio. La villana está siendo rescatada y tal vez encontremos una heroína bajo los escombros.
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