Por Mónica Hernández

Hace casi 30 años fui al cine a ver una película que volví a ver. No una. Muchas veces. Se llamaba Hechizo de amor y me enamoraba si no la historia, las incidencias de la película. Así me pasaba cuando tenía esa edad que ya era “adulta” o que yo me creía adulta. No era tan raro: Cuatro Bodas y un Funeral la vi como 10 veces y eso en el cine porque nunca salió en videocassette…

Por más que lo intenté, nunca logré que el café se removiera solo. Tampoco enterré a un cristiano en el jardín y menos tuve sapos como mascotas. La película me gustaba más porque me hablaba a mí (aunque en ese entonces no lo sabía). Mi mamá tuvo seis hermanas (y siete hermanos y no me hagan hablar de los medios hermanos, porque superaron la treintena entre hombres y mujeres). Escribo esto porque mi mamá ya casi cumple 20 años que falleció y me encuentro con que hay legados que aunque una se resista a repetir… no se puede.  

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