Por Olimpia Coral Melo Cruz

​​Desde 1770 existe la Lotería Nacional en México. Durante más de dos siglos, sus billetes han conmemorado independencias, revoluciones, líderes históricos, artistas, efemérides. Casi ninguno con nombre de mujer. Y ninguno, jamás, con el nombre de un movimiento nacido desde la dignidad colectiva de mujeres sin cargos, sin partidos, sin apoyos de privilegio, que se negaron a quedarse calladas frente a una violencia que el mundo se empeñaba en no ver porque ocurría en pantallas.

Hasta hoy. En el marco del quinto aniversario de la aprobación de la Ley Olimpia en México, la Lotería Nacional develó un boleto conmemorativo que lleva el nombre de nuestro movimiento. Es un acto simbólico, sí. Pero lo simbólico, reconociendo a quienes durante una década fueron llamadas locas y exageradas, no es menor. También es justicia.

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Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.