Este sábado, Estados Unidos lanzó un ataque militar en Venezuela y el presidente Donald Trump anunció que Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, fueron capturados y trasladados fuera del país. La operación, descrita por Washington como una acción dirigida contra el narcotráfico y el terrorismo, provocó explosiones en distintas zonas y desató una inmediata reacción del gobierno venezolano, que denunció una “agresión militar” y una violación a su soberanía.

El episodio ha generado reacciones encontradas en la comunidad internacional: mientras algunos gobiernos y actores políticos observan el hecho como el colapso definitivo de un régimen cuestionado durante años, otros advierten sobre un precedente de alto riesgo para el orden internacional, el uso de la fuerza y los límites del derecho. En cuestión de horas, Venezuela pasó del estancamiento autoritario a un escenario de incertidumbre total, con implicaciones que trascienden sus fronteras y reconfiguran el tablero político regional.

¿Cómo leer lo que está pasando? Nuestras columnistas nos dan luz con este #Opinión51AlMomento:

Paola Palazón

“Hay que tener calma. Hay mucha información rodando y cosas ocurriendo aún. Posiblemente es muy pronto para entender lo que pasó y lo que está pasando. Lo más importante es evitar muertes y pensar en los presos políticos que en este momento son más vulnerables; y en sus familias. Hay que evitar un derramamiento de sangre y más dolor”.

Stephanie Henaro

América Latina amaneció con una postal que creíamos archivada: bombardeos en Caracas y Washington anunciando la captura y traslado de Nicolás Maduro para juzgarlo por “narcoterrorismo”. No es solo el derrumbe —o la fractura— de un régimen; es la instalación de una doctrina. Cuando una potencia decide que el delito sustituye a la política, la intervención se vuelve “operación” y el cambio de régimen se maquilla como expediente penal. El mensaje al hemisferio es brutal: la soberanía ya no es un principio, es una condición revocable. Y el petróleo —ese dios viejo que siempre reaparece— vuelve a ser la sangre escondida de la narrativa: EE.UU. puede presumir autosuficiencia, pero el precio de la energía se mueve en un mercado global, y cada explosión en Venezuela se traduce en cálculo electoral, sanciones rediseñadas y flujos reordenados. Para México, el episodio es un espejo incómodo. Condenar la intervención unilateral y citar la Carta de la ONU es lo correcto; el problema es haber guardado silencio moral durante años frente a la deriva autoritaria del chavismo. Esa asimetría nos deja atrapadas entre el reflejo diplomático y la realidad geográfica: si no fuiste capaz de nombrar la dictadura, terminas defendiendo la “no intervención” como coartada, no como principio. Y el efecto dominó no es metafórico: Venezuela ha sido sostén energético de Cuba; si el grifo se cierra o se encarece, La Habana paga en apagones y tensión social. En medio, la oposición venezolana con aura Nobel y guiños a Trump sirve como barniz democrático para una jugada de fuerza que puede tumbar, sí, pero también incubar una salida más dura. La pregunta no es solo si así caen las dictaduras; es qué nace después, y cuánto cuesta en una región donde el poder —otra vez— se está sirviendo sin espuma”.

Pamela Cerdeira

Elegir entre dos males: nuestra visión binaria del mundo y nuestra disonancia cognitiva chocan cuando miramos lo que sucede en Venezuela. Qué terrible que Trump se meta; qué terrible también lo que le ha pasado al país desde que llegó Hugo Chávez al poder y se perpetuó con Maduro. ¿Pega este mensaje a México, que en los últimos años ha seguido el playbook venezolano: programas sociales, reforma judicial, reforma electoral? ¿No sabe qué pensar? ¿No sabe qué sentir? Pregúntele a su venezolano de confianza. Lo indudable es que toda transición es siempre dolorosa: la mueven los políticos y la sufren las personas”.

Areli Paz

Nadie celebra las invasiones. Nadie celebra a las dictaduras. La encrucijada del mundo para hacer lo correcto y lo justo. Lo de Trump abre puertas peligrosas”.

Graciela Acevedo

“Lo que ocurre en Venezuela, no debe ser motivo de celebración, sino de una seria preocupación. La historia nos ha demostrado que la aplicación de la Ley del más fuerte solo conduce a consecuencias lamentables y deja heridas profundas en la humanidad.  Esta situación sienta un precedente peligroso para México, dejando a nuestro país vulnerable ante decisiones unilaterales del Emperador Trump es una seria amenaza a la soberanía de cualquier país. Las protestas ante un régimen deben surgir desde la propia sociedad, solo desde esa voz se construye una verdadera resistencia”.

Mónica Hernández

Soberanía, tienes nombre de mujer. Soberanía de Venezuela, eres una mujer violada y eso no cambiará con ningún discurso que pretenda legitimarse. Hay quien festeja y quien lamenta. A mis hermanos venezolanos les deseo la serenidad para alcanzar la concordia, una que atraviese las diferencias y las ideologías opuestas. Los enemigos nunca son los hermanos, los hijos de esta mujer atravesada”.

Sofía Guadarrama

Las expediciones punitivas de los Estados Unidos —disfrazadas con el lenguaje aséptico de la “democracia” y la “seguridad internacional”— no han sido otra cosa que una prolongada lección de soberbia. El balance es desolador: donde el imperio puso el pie para “restaurar el orden”, solo ha florecido la fractura; donde prometió el progreso, ha dejado el rastro ceniciento de las economías en ruinas. ​No son errores de cálculo, sino un patrón histórico de dominación. 

En Cuba, la soberanía nació amputada por la Enmienda Platt, iniciando un asedio que aún hoy pretende asfixiar la voluntad de un pueblo.  Vietnam no fue una defensa de la libertad, sino un ejercicio de necrofilia ideológica que sepultó bajo el napalm a millones de seres humanos, dejando una cicatriz que la historia no termina de cerrar. ​En nuestra América, el caso de Nicaragua es paradigmático: el respaldo a la tiranía y el financiamiento de la "Contra" no fueron actos de justicia, sino el desangramiento metódico de una esperanza nacional. ​La modernidad nos trajo las ruinas de Irak y Afganistán. El primero, invadido bajo la arquitectura de la mentira, se hundió en un sectarismo caníbal; el segundo, tras dos décadas de ocupación estéril, fue devuelto a la miseria bajo la mirada indiferente de sus "liberadores". Estas intervenciones nos revelan una verdad amarga: para el poder imperial, la soberanía es un concepto elástico que se encoge o se estira según sus intereses comerciales y estratégicos. La "democracia" exportada en tanques nunca echa raíces; solo deja la tierra yerma”.

Nurit Martínez

“La acción del gobierno de Estados Unidos con Donald Trump en Venezuela es sin duda de la más alta violación a la soberanía de esa nación. La forma y el fondo deben ser cuestionables por la comunidad internacional. Eso no significa que el presidente Maduro no deba ser cuestionado por su actuación frente al gobierno por tantos años”.

Lillian Briseño

“Si de polarizaciones se trata, la detención de Maduro abrirá una nueva división. ¿Se debe condenar la intervención en un país ajeno para aprehender al presidente —dictador— por las razones que sean?  ¿O se debe celebrar que gracias a esta iniciativa caiga un dictador que ha oprimido al pueblo venezolano durante décadas?  Las razones que defenderán una y otra posición se harán sentir en estos días, sin que por ello se logre alcanzar algún acuerdo. No obstante, se abre una puerta a un tipo de intervención que nadie quisiera vivir. Y al final, pobres venezolanos: les espera un largo camino para la reconciliación y la reconstrucción”.

Brenda Estefan

“1) La captura del dictador Nicolás Maduro por parte de EE.UU. y los cargos por narcotráfico no deben leerse solo como el final de un dictador, sino como una confirmación: Washington está dispuesto a usar fuerza militar directa para moldear resultados políticos en su esfera de influencia.

2) Hay que tener claro que hay un cambio de doctrina, no solo de régimen

EE.UU. deja claro que:

•El orden liberal ya no es su marco rector.

•El derecho internacional es secundario frente a intereses de Washington.

•América Latina vuelve a ser tratada como espacio de intervención directa, no solo diplomática.

No es un hecho aislado. Es coherente con la renovada lógica de esferas de influencia y con la "Doctrina Monroe con Corolario Trump". Y tiene graves implicaciones para Latam. 

3) La historia es clara, derrocar a un líder autoritario es solo el principio. Desmontar un régimen, reconstruir instituciones y evitar el vacío de poder no es una consecuencia directa de ello. 

Venezuela entra en un momento de alta volatilidad.

4) Escenario futuro: tres rutas posibles

•⁠  ⁠Continuidad maquillada: EE.UU. proclama una victoria política, pero el chavismo preserva el control real del poder, sustituyendo a Maduro por otra figura del mismo entramado, manteniendo intactos los aparatos de coerción y las redes económicas.

•⁠  ⁠Explosión social: movilizaciones espontáneas y extendidas en las calles, con un punto verdaderamente decisivo: la reacción de las Fuerzas Armadas. Si reprimen, el régimen puede contener la crisis; si se fracturan o se abstienen, el sistema podría colapsar.

•⁠  ⁠Escalada externa: mayor involucramiento militar de EE.UU., incluyendo presencia sobre el terreno, para forzar la salida del núcleo duro del chavismo y abrir —desde fuera— un camino hacia una transición política

5) Tres actores a observar de cerca

•Diosdado Cabello, ministro del Poder Popular para Relaciones Interiores, Justicia y Paz. Históricamente uno de los hombres más temidos del chavismo, con control sobre los aparatos de seguridad y figura central del ala dura del régimen.

•Delcy Rodríguez, vicepresidenta ejecutiva y ex canciller. Ha sido el principal enlace internacional del régimen con China, Rusia e Irán y representa una posible continuidad institucional del chavismo sin Maduro.

•Vladimir Padrino López, ministro de Defensa. Actor clave para la supervivencia del régimen durante años; su lealtad ha sido el ancla que ha evitado el colapso del poder chavista.

Un día que marca la relación entre EE.UU y América Latina.”

Frida Mendoza

“El fascismo nos respira en la nuca, dije hace unas semanas en este espacio y lo sostengo. El intervencionismo y el bombardeo a un país bajo supuestas intenciones de liberación son peligrosos para la región de América Latina. ¿Cómo confiar en un país que apoyó la dictadura pinochetista o que intervino en Panamá o Cuba? La verdadera resistencia está en quienes desde los territorios buscan un mejor país. Sé que nosotrxs, desde fuera, no podemos opinar a nombre del pueblo venezolano pero no olvidemos la frase “hoy en Gaza, mañana en tu casa”. No hay bombas que arrojen democracia, las bombas destruyen y buscan apropiarse. La comunidad internacional necesita, en este momento, posicionarse por la paz y en contra de las invasiones”.

Rosanety Barrios

“Yo también entiendo la desesperación de quien sufre una dictadura de casi tres décadas, pero violar el derecho internacional abre la puerta a cualquier loco con fuerza militar y dinero que considere justificada su intervención en el país de su elección. El reto de Venezuela ahora está en una reconstrucción verdaderamente libre. Mucha suerte. Toda mi solidaridad con la sociedad venezolana”.

Lourdes Mendoza

“El 21 de junio de 2017, en mi columna Con Estilo, publicada en la sección de Negocios del periódico Reforma, advertí que Venezuela se encaminaba a un quiebre definitivo. En aquel texto relaté cómo la Organización de los Estados Americanos (OEA) fue incapaz de frenar la deriva autoritaria del régimen de Nicolás Maduro, pese a los intentos de varios países por exigir el cese de la violencia, el respeto a los derechos humanos y la suspensión de la Asamblea Nacional Constituyente. Retomé advertencias de líderes regionales sobre un golpe de Estado institucional, documenté el colapso económico y social del modelo Chávez–Maduro —con pobreza, inflación descontrolada, caída del PIB y una crisis humanitaria sin precedentes— y señalé la paradoja de los mercados financieros internacionales, particularmente Wall Street, que mientras condenaban al régimen seguían beneficiándose de la compra de deuda venezolana.

Nueve años después fui de las primeras en publicar en redes sociales que el presidente Donald Trump había compartido en la red social X que Maduro y su esposa habían sido capturados. Horas después, la presidenta Claudia Sheinbaum, fiel a su estilo, no nos falló: al igual que Irán, Cuba o Rusia, condenó el ataque en lugar de celebrar la liberación del pueblo venezolano de una narcodictadura. Los refranes son el saber popular: si ves las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar. Vamos por un mejor futuro. Los cuatroteros, a partir de hoy, ya no dormirán tranquilos”.

Gabriela de la Riva

"Cuando un pueblo vota, habla con el corazón.

No soy política. No milito en ningún partido. No aspiro a cargos ni a reflectores.

Pero sí soy ciudadana. Y creo, profundamente, en la justicia, en la dignidad humana y en el derecho de los pueblos a decidir su destino.

Por eso quiero decir algo con claridad, pero también desde la emoción: lo que pasó en Venezuela no empezó con una acción externa. Empezó con un voto.

“Esto no es un cambio de régimen. Ese cambio ya se dio el 28 de julio cuando Venezuela entera votó por Edmundo y María Corina Machado en una labor épica de defensa de la democracia”, dijo Mariate Arnal. Y esa frase pone las cosas en su lugar.

Ese día, millones de venezolanas y venezolanos hicieron algo que muchas veces damos por sentado: salieron a votar aun con miedo, cansancio y heridas profundas. Votaron después de años de escasez, de silencios forzados, de exilios, de ver a sus hijos irse. Votaron no por ideología, sino por futuro.

Durante demasiado tiempo, Venezuela vivió bajo un poder que normalizó lo inaceptable: presos políticos, persecución, hambre, corrupción, una vida cotidiana marcada por el temor. Mientras tanto, una élite se enriquecía. Eso no es una consigna ni un juicio ligero: es una realidad documentada y, sobre todo, vivida. Vivida en las casas, en las filas, en las despedidas. Vivida, muy especialmente, por las mujeres que sostuvieron familias y esperanzas cuando todo parecía romperse.

Por eso me cuesta aceptar que hoy se diga que “el cambio” vino de afuera.

No fue así. El cambio vino de las urnas. De las manos temblorosas al marcar una boleta. De la esperanza, esa terquedad humana que se niega a morir incluso en los contextos más adversos.

¿Que después hubo decisiones internacionales, presiones, movimientos de poder? Claro que sí. Y todo eso puede -y debe debatirse-. Como ciudadana, también creo que ninguna intervención externa es sencilla, ni limpia, ni exenta de riesgos. La soberanía importa y el derecho internacional no es un adorno.

Pero no confundamos el origen con las consecuencias.

El origen fue democrático. Fue civil. Fue legítimo.

Defender la democracia no es aplaudir líderes ni justificar abusos. Es algo mucho más simple y, al mismo tiempo, más exigente: respetar lo que un pueblo dijo cuando pudo hablar.

Hoy el verdadero reto no es celebrar ni vengarse. Es reconstruir. Reconstruir instituciones, confianza, justicia y tejido social. Hacerlo con memoria, sí, pero también con cuidado y responsabilidad.

Como mujer, como madre, como abuela, como alguien que ha visto lo frágil que puede ser la vida cuando el poder se deshumaniza, solo deseo una cosa: que la voluntad expresada en ese voto no sea traicionada."

Graciela Rock

En estos tiempos de polarización, posicionarse contra una intervención militar que viola el derecho internacional parece peligroso: corremos el riesgo de que nos acusen de defender a un dictador. Esa es, precisamente, la trampa del imperialismo. Porque dos cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo: Venezuela vive bajo una dictadura, Maduro es un dictador, y el pueblo venezolano merecía —y merece— respeto a su soberanía territorial y a su autodeterminación. Ahora su destino está en manos de otro autócrata, uno cuyo interés tampoco está con el pueblo venezolano sino con sus propios cálculos geopolíticos.

La historia habla por sí sola. Entre 1894 y 1994, Estados Unidos intervino al menos 41 veces en América Latina: operaciones militares, golpes de Estado, apoyo encubierto a insurgencias, financiamiento de derrocamientos. El saldo fue devastador. Con la excepción de Haití -donde una intervención respaldada por la ONU logró restaurar un gobierno democrático-, todas estas intervenciones estadounidenses terminaron debilitando las instituciones y profundizando la inestabilidad. No hay razón para creer que esta vez será diferente. Quienes creemos en el derecho internacional y el respeto a derechos no podemos quedarnos callados ante esta violación, aunque Maduro merezca nuestro rechazo. Defender principios no es defender dictadores: es defender el único marco que puede proteger a los pueblos de la arbitrariedad del poder.


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