Por Pamela Sandoval*

El Mundial tendría que empezar con emoción. Con una pantalla prendida en el restaurante de la esquina, una promoción en la cafetería, una playera diseñada para la ocasión, una quiniela entre amigos, una comida familiar, un meme. Eso debería ser: una fiesta común. Sin embargo, para muchas personas y negocios pequeños, el ambiente se siente cada vez menos espontáneo. Más calculado. Más vigilado.

De pronto, la conversación ya no gira solamente alrededor de los partidos o de qué tan lejos llegará la selección. Aparecen otras preguntas, mucho menos alegres: ¿puedo usar esta palabra?, ¿puedo poner esta imagen?, ¿puedo anunciar una promoción?, ¿puedo transmitir el partido?, ¿puedo decir “Mundial” sin que parezca que estoy haciendo algo indebido? Cuando una celebración colectiva obliga a tantas personas a preguntarse si están infringiendo algo, parte del espíritu se pierde.

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Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.