Por Paz Austin
Desde el empedrado barrio de San Ángel, en el sur de la Ciudad de México, y extendiéndose hasta las llanuras de Texas, se traza una ruta histórica de miles de kilómetros que definió nuestro destino como nación: el antiguo Camino de la Plata.
La historia de esta ruta es tan vasta que no cabría en estas líneas dedicadas a la eno-gastro diplomacia, pero la historia, al igual que el buen vino, se disfruta mejor por "sorbitos". Hoy, quiero proponerles que miremos ese legado no solo como un mapa de extracción mineral, sino como el árbol genealógico de nuestra viticultura.
También conocido como el Camino Real de Tierra Adentro, este trayecto es hoy Patrimonio Mundial por la UNESCO (2010). Fue la arteria más importante de la Nueva España, una respuesta estratégica que conectó las minas de Zacatecas, Guanajuato y San Luis Potosí con el centro del país. Pero más allá de financiar imperios, el camino fue un vehículo estructurante de civilización.
Refiero a la obra Vinicultores de las Californias Hispánicas, de mi querida y admirada Rondi Frankel, la vid no fue un cultivo cualquiera; fue el motor de la sedentarización. A diferencia del maíz o el trigo temporal, la viticultura exige permanencia. Requiere sistemas de riego, años de cuidado y la construcción de bodegas que perfeccionan y guardan botellas con sabiduría de tierra.
Menciona Frankel que los misioneros no sólo plantaron uvas para el vino que consagraban en las misas; plantaban raíces. Donde había un viñedo, se establecía un asentamiento permanente. Fue así como la "tríada mediterránea" —trigo, olivo y vid— transformó campamentos militares en las ciudades que hoy habitamos: Querétaro, Aguascalientes y San Luis Potosí entre otras.
Hoy, el futuro del vino mexicano está regresando a sus orígenes. Hablo de Aguascalientes, San Luis Potosí y Zacatecas, estados cuyos suelos son ricos en nutrientes, climas propicios para la viticultura y cargados de historia, están reclamando su lugar en las copas.
Es aquí donde los vinos brillan por fin con una iniciativa necesaria y urgente: La Ruta de Vinos Camino de la Plata. Este proyecto es pionero al establecer una marca colectiva multiestado que rescata la identidad común de una región que, durante siglos, fue el corazón económico del continente y que siempre y a pesar de todo tuvieron vocación enológica. Este es un proyecto que nace desde la iniciativa privada para compartir e invitar a conocer ciudades y campos que deben ser visitados.
Bajo este sello, cuatro bodegas emblemáticas han decidido unir sus caminos, demostrando que la colaboración es la mejor herramienta de promoción:
● Tierra Adentro (Zacatecas): Casa del Museo de la Barrica y bajo el liderazgo de enólogos emblemáticos como el Dr. Joaquin Madero.
● Pozo de Luna (San Luis Potosí): Elegantes vinos que sorprenden con su identidad marcada, increíbles Pinot Noir y un genial Shiraz.
● Santa Elena (Aguascalientes): tecnología e innovación, ahora mi obsesión son sus vinos de ánforas resaltando la fina acidez de sus viogners.
● Parcela (Aguascalientes): Un proyecto jóven y entusiasta con unos vinos rosados excepcionales, el Nebbiolo es un básico en mi cava.
Vinos Camino de la Plata nace de la historia y el orgullo de la región y le da un aire nuevo al vino mexicano. Impulsa con visión el enoturismo con las ganas de crecer la economía de la región. El proyecto se conforma de experiencias gastronómicas y arte que maridan extraordinariamente con sus vinos únicos.
La próxima vez que descorches una botella de estas regiones, recuerda que no solo estás probando un vino y ya; estás bebiendo el legado de una ruta que fundó ciudades y que, hoy, se expresa con orgullo y madurez en nuestra mesa.
Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.

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