Por Paz Austin

Durante siglos, la narrativa del vino se escribió en masculino. Las mujeres aparecíamos en los márgenes, a menudo bajo la figura romántica y resignada de "la viuda de", como si el liderazgo fuera una herencia accidental y no una capacidad propia. Hoy, esa historia ha dado un vuelco definitivo. Ya no estamos solo habitando los espacios; estamos rediseñando las reglas de una industria que, finalmente, ha dejado de ser un club exclusivo.

La figura de Carol Duval-Leroy es el punto de partida obligado para entender esta transformación. Su historia es una de las más potentes de la vitivinicultura moderna. En 1991, a los 36 años, Carol quedó viuda con tres hijos pequeños y una de las casas de Champagne más importantes del mundo sobre sus hombros. En un entorno profundamente conservador, nacionalista y masculino, Carol era una doble "intrusa": era mujer y era belga.

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