Por Raquel Charqueño
La violencia nos persigue en lo público y en lo privado, en la calle y en la casa. También en el espacio digital. Se expresa cuando se utilizan redes sociales y plataformas para dañar nuestra intimidad, privacidad o dignidad; cuando se difunden, comparten o comercializan imágenes, audios o videos reales o simulados con contenido íntimo sin consentimiento; cuando se hostiga acosa, humilla o amenaza a una mujer desde una pantalla. En las discusiones, se ha intentado proteger estas agresiones bajo una idea casi absoluta de la libertad de expresión. Sin embargo, en América Latina -una región atravesada por violencias patriarcales sostenidas por estructuras culturales e institucionales- cada vez es más claro que la libertad de expresión, como cualquier derecho, no protege la violencia de género.
SUSCRÍBETE PARA LEER LA COLUMNA COMPLETA...