Por Rosanety Barrios

Mucho se ha escrito sobre Dos Bocas. Lo han hecho políticos, periodistas, técnicos, y una servidora no está exenta. Muchas veces, durante siete años, he publicado detalles sobre el impensable y desaseado proceso que acompañó su construcción, sus varias inauguraciones sin que estuviera acabada y, ahora, la falta de información certera sobre su operación.

Abordar el accidente ocurrido el 19 de marzo (mientras escribo, se reporta un nuevo derrame en la refinería) implica recordar que simplemente no sabemos si su construcción se hizo apegada a la normativa vigente, si opera o no con seguridad, si sus procesos están ya probados y si se puede asumir una operación plena. Dicho en muy pocas palabras: no sabemos nada sobre la refinería estrella, la única obra de infraestructura energética detonada en el sexenio pasado y en la que se invirtieron unos 20 mil millones de dólares.

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