Por Sandra Romandía
En Hidalgo, la sequía ya no es solo una condición climática: es una metáfora política. Se secan los cultivos, se agotan las reservas y, en paralelo, desaparecen los recursos públicos con una eficiencia que ya quisieran los sistemas de riego.
Un trabajo periodístico publicado en EMEEQUIS por Maricarmen Gutiérrez lo expone con la crudeza de los números: 113 millones de pesos destinados al campo —ese territorio donde aún se mide el país en manos y no en discursos— simplemente no aparecen. No están en las parcelas, no están en los seguros catastróficos, no están en los bolsillos de las mujeres rurales. Están, como suele ocurrir, en esa dimensión paralela donde la burocracia y la opacidad se dan la mano y sonríen.
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