Por Sandra Romandía

Hay historias que no comienzan en un expediente, sino en una ausencia.

Pensemos en un caso hipotético —porque el periodismo no inventa, pero sí observa patrones—: una mujer, llamémosla Laura, abre la puerta de su casa en Tlajomulco cada tarde con la misma coreografía obstinada; mira el teléfono, revisa si hay llamadas perdidas, vuelve a marcar un número que ya no contesta. Su hijo desapareció hace ocho meses; denunció, buscó, pegó fichas. Lo que no imagina es que, en otro escritorio, en otro circuito de la justicia —no penal, sino civil y mercantil— su nombre empieza a emerger en una trama distinta: como titular de una cuenta bancaria que recibió depósitos provenientes de fraudes cibernéticos.

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Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.