Por Sofía Pérez Gasque Muslera
En México, pocas estructuras han tenido tanto peso en la vida pública como los organismos empresariales. Durante décadas han sido los interlocutores privilegiados del gobierno, los articuladores de grandes consensos económicos, y los guardianes —a veces incómodos— de la narrativa del “desarrollo privado”. Pero algo está cambiando.
Hoy, estos organismos están atravesando un proceso de reconfiguración profunda. Las tensiones internas, los liderazgos rotativos, la aparición de nuevos consejos y la distancia de algunos sectores del poder público nos revelan que el empresariado ya no es un bloque monolítico. Y eso tiene consecuencias.
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