Por Sofía Pérez Gasque Muslera

Durante años hemos hablado de inclusión financiera, de acceso al crédito, de formación emprendedora para mujeres. Y, sin embargo, seguimos ignorando una de las palancas más poderosas para cerrar la brecha de género en los negocios: la contratación pública y privada como motor de cambio.

Cada año, los gobiernos y las grandes corporaciones gastan miles de millones de pesos en bienes y servicios. ¿Qué pasaría si una parte significativa de ese gasto se destinara a contratar a empresas lideradas por mujeres? ¿Qué pasaría si las compras dejaran de premiar siempre a los mismos proveedores y comenzaran a activar nuevas cadenas de valor más representativas de la diversidad económica del país?

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Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.