Por Sonia Garza González*
La salud mental es un aspecto fundamental de la vida humana, y su impacto se extiende a diversas áreas, incluida la productividad laboral. En un mundo cada vez más acelerado y competitivo, las organizaciones deben prestar atención a este rubro. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la salud mental se define como un estado de bienestar en el que el individuo es consciente de sus capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, trabajar de forma productiva y contribuir a su comunidad. Sin embargo, trastornos como la depresión y el agotamiento laboral, conocido como “burnout”, afectan tanto la calidad de vida de colaboradoras y colaboradores como la eficiencia de las organizaciones.
A nivel mundial, la OMS reporta que más de 264 millones de personas sufren depresión, una de las principales causas de discapacidad. Se estima que cada año se pierden 12 000 millones de días de trabajo debido a la depresión y la ansiedad, con un costo de US $1 billón anual en pérdida de productividad. En América Latina, la situación es alarmante: se reporta que 20 % de la población sufre algún trastorno mental, y la depresión se ha convertido en la principal causa de enfermedad en la región. En México, la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) 2022 reveló que 16.7 % de la población adulta presenta síntomas de depresión. Estos datos reflejan una crisis que no solo afecta la vida personal de los individuos, sino que también repercute en la productividad laboral.
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