Por Sonia Garza González*

La educación constituye el motor de transformación social, económica y humana más potente con el que cuenta un ser humano y, al mismo tiempo, una nación. Elegir un camino académico y profesional no es únicamente una decisión individual respecto a las expectativas de ingreso; también es una apuesta colectiva sobre el tipo de sociedad que se desea construir. En este contexto, la edición Compara Carreras 2026, del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), aporta una radiografía indispensable sobre las condiciones laborales y la pertinencia del mercado universitario en nuestro país. La lectura analítica de estos datos cuantitativos adquiere su verdadero valor cuando se interpreta desde una perspectiva amplia e incluyente: la urgente necesidad de promover una formación integral para las infancias y la juventud mexicana, reconociendo que todas las áreas del conocimiento, las ciencias, la tecnología, las humanidades y las artes poseen un valor estratégico insustituible.

El informe del IMCO evidencia que cursar una licenciatura sigue siendo una de las inversiones personales e institucionales de mayor rendimiento en México. En términos generales, los profesionistas en el país perciben ingresos 74% superiores en comparación con quienes concluyen únicamente la educación media superior. Asimismo, la tasa de informalidad entre los egresados universitarios se ubica en 26%, cifra sustancialmente menor al 49% observado en personas con estudios de bachillerato. A estos datos se suma un crecimiento del 10% en términos reales en el ingreso promedio de las y los licenciados entre 2020 y 2026, lo que demuestra la resiliencia del capital humano profesional ante coyunturas socioeconómicas complejas.

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