Por Stephanie Henaro Canales
“Las monedas no se sostienen por entusiasmo; se sostienen por disciplina.”
-Apuntes desde Café Colón.
En política internacional hay frases que suenan contundentes y, sin embargo, no cambian nada. “No me preocupa”, por ejemplo. Un presidente puede declararse imperturbable por la caída del dólar; puede celebrarla. Pero una moneda de reserva no es un aplauso: es un contrato. Y los contratos, cuando se tratan con ligereza, no se rompen por ideología sino por cálculo.
El dólar ha sido más que un billete: ha sido el idioma del sistema. No por simpatía, sino porque Estados Unidos ofreció lo que el mundo aceptó como precio de orden: instituciones previsibles, un banco central creíble y una potencia que rara vez parecía gobernar por impulso. Eso es lo que hoy se desgasta: no el tipo de cambio de un día, sino la idea de que Washington administra el tablero en vez de improvisarlo.
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